Hace frío, tengo sueño, tanto que he estado a nada de abandonar la idea de madrugar esta mañana.
De echo, todos estamos cansados, y digo "todos" porque somos un buen grupo el que hemos venido hasta las orillas del Tarn para asistir a este curso de foto que he organizado por el sur francés. Al final, asomo la cabeza por la ventana de la habitación, y unos rayos de sol me avisan de la magia que está por llegar. Hago eso que me gusta tanto por las mañanas perezosas y digo rápidamente 1, 2, 3... y a la de 3 ya tengo los pantalones puestos, mi camisa de cuadros, mi bufanda y las botas... y dejo que la naturaleza me conquiste de nuevo...





