Álvaro Sanz

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Visita relámpago a México

Una vez más el mundo del espectáculo me lanza a viajar. Esta vez formo parte del grupo invitado de honor del mayor festival de Iberoamérica, el Cervantino, que se celebra en la ciudad mexicana de Guanajuato en Octubre.

Una pequeña embajada cultural representante de Catalunya, con Serrat, Miguel Poveda, Miqui Puig, Marta Carrasco, La Troba Kun-fú o Els Pets nos hemos entregado a la gran fiesta cultural que ha sido este Cervantino.Guanajuato es una ciudad colonial con una arquitectura riquísima, como lo fueron sus minas de oro y plata. Cuenta la leyenda que la ciudad era completamente del amarillo metal, pero fue embrujada y convertida en cerros. Cada cien años, una niña aparece en medio de las calles y si alguien consigue cogerla y llevarla hasta uno de los cerros sin mirar atrás, la ciudad volverá a ser de oro. Nadie lo ha conseguido todavía, y a mi me fue imposible encontrar a la niña pues miles de personas paseaban por las calles en los tres días que he pasado allí. Creo que en mi vida he visto tanta gente junta intentando caminar. Aquí, las calles están castigadas por el paso del tiempo, pero limpias como la más moderna de las ciudades europeas, y es que si orinas en la calle o paseas con alcohol acabas en el calabozo. Y uno pensará que es difícil que te pillen, pero no, cada 25 metros una patrulla policial vigila armada hasta los dientes los movimientos de cualquiera que se acerque al festival. Francotiradores en los balcones durante los días que estuvo Serrat y decenas de pickups con adolescentes armados "dan seguridad" al evento en unos tiempos peligrosos en México por las batallas entre narcos.

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Nuestro hotel, el Misión Guanajuato, fue construido sobre una vieja hacienda del siglo XVII y es de estilo colonial. Está ubicado en un lugar absolutamente apartado y tranquilo, así que el descanso está asegurado. Ir al centro histórico en taxi no es ningún problema, al contrario, todo un espectáculo, y es que esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad, tiene un sistema curioso de comunicación. En 1883 se inauguró un túnel gigante que atravesaba la urbe. Su razón de ser no era otra que la de protegerla de las enormes inundaciones, así que se decidió que el río sería desviado por el subsuelo. En 1978, un siglo después, el tráfico obligó a crear otros túneles más. De esta manera se ha creado uno de los sellos distintivos de Guanajuato, sus galerías subterráneas por las que te puedes mover en vehículo o caminando, haciendo que las distancias sean más cortas y como mínimo curiosas.Pero no creáis que este "metro rural" es el único atractivo. El Jardín de la Unión es un lugar agradable, rodeado de fresnos, que une a los habitantes del lugar y durante el festival es un hervidero de músicos callejeros. Otro de los clásicos es el Callejón del Beso, donde nos contaron su leyenda. Se cuenta que Carmen estaba enamorada de Luis, un minero. El padre de Carmen no aceptó el noviazgo y encerró a su hija, amenazándola con encerrarla en un convento. Luis consiguió mudarse a la casa de enfrente y se vieron a escondidas durante varias semanas. Al enterarse, el padre, la mató, así que la pareja que no se bese bajo los balcones, que están separados por solo unos centímetros, tendrá años de mala suerte.

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El mercado Hidalgo es otro de los clásicos. Nos contaron que estaba pensado para ser una gran estación de tren pero nunca llegó a serlo. En él, cantidad de colores y olores se mezclan, así que pronto me tomo un respiro de nuevo en la calle Juárez, repleta de tiendas y bares. Descanso en uno donde solo sirven cerveza, así que pido hacer una foto a dos pintorescos clientes y salgo en busca de otro lugar.Y así paso mis días en Guanajuato, callejeando una y otra vez la ciudad, con y sin compañeros de viaje, fotografiando rincones de historias y leyendas. Ah, sí! habíamos venido a trabajar... el concierto fue un éxito absoluto. Más de 5000 personas siguieron lo que se llamó la noche de "Sonidos catalanes" y corearon las canciones de los participantes. Yo me encargué de los visuales, y como todos, de disfrutar de una noche de luz, color y sonrisas desconocidas.