Álvaro Sanz

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Norte de España

La temporada de verano de conciertos empieza y la autocaravana viaja hacia Catalunya. Para que el viaje no sea tan duro pido a Coque y a Marc que me acompañen, y ya puestos, decidimos que el viaje Galicia-Catalunya dure 5 días.

Recojo a Marc tras un madrugón importante en el aeropuerto de Santiago. Son las 6 de la mañana. No hay ningún destino concreto. Seguramente sea el viaje menos organizado de los que he hecho, pero el viernes tengo que estar en la universidad a las 12. Es el último día de tutorías y mis alumnos no perdonan. Decidimos empezar por la playa de las catedrales, al norte de Galicia haciendo frontera con Asturias. Tenemos la suerte de llegar con marea baja y podemos pasear por la arena contemplando las formas caprichosas que la erosión ha dejado en las rocas. A partir de aquí, empezamos a llamar por teléfono a hermanas, cuñados y amigos para que nos recomienden sitios. En menos de una hora tenemos un plan inicial de ruta, así que nuestro siguiente destino son los Picos de Europa. 080602 02 cudillero-3.jpg

Parada obligatoria en Cudillero, un pequeño pueblo pescador que aún conserva su encanto y que “farda” de ser un lugar de cine. Seguimos hasta Cangas de Onís, la primera gran población antes de los Picos. Repostamos algo de comida, sobre todo carne de la zona, y nos adentramos en las montañas. Curvas, curvas y mas curvas entre el verde y el aire limpio. Improvisamos hacia Arenas de Cabrales y tomamos una pequeña carretera que lleva al Funicular que sube al Naranjo de Bulnes.Es pronto y salimos a pasear con Coque, después de encontrar un perfecto lugar para la pernocta, junto a unos ingleses. El paseo se alarga por culpa de unas cabras que se nos cruzan en el camino y amenazan con clavarnos sus cuernos. Salimos de allí disimulando, como si los pobres animales fueran una banda de delincuentes juveniles. A primera hora de la mañana subimos a Bulnes con el funicular y paseamos por el encantador pueblo que da nombre a esta montaña tan conocida entre los amantes de la roca.

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Charlamos con otros caminantes y yo cruzo unos minutos con Eugenia, (así es como decido bautizarla porque no le pregunté el nombre) una señora que me cuenta que tan solo viven 4 personas en el pueblo. Me explica de que viven, como hacen para tener alimentos y lo duro que es el invierno. Pero es feliz allí, tiene una casa en Oviedo y no va hace años. Marc y yo decidimos bajar andando de nuevo hasta la auto, a pesar de tener billete de vuelta en el funicular.

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El paseo de algo más de una hora al lado del río nos regala conversaciones y unas galletas infantiles. Tielve y Sotres son los siguientes pueblos donde paseamos antes de dejar los Picos de Europa y dirigirnos hacia los valles vascos y navarros. Vera de Bidasoa, Elizondo, Ochagavía, Isaba y Roncal son el recorrido de hoy. Montañas llenas de curvas a velocidad lenta; paradas técnicas para fotografiar de vez en cuando; peregrinos que no pueden caminar más y a los que acompañamos hasta su siguiente destino... y al final... la autocaravana clavada en el barro! Gran momento. La que tenía que ser la tarde tranquila y relajada se convierte en 2 horas de trabajo de pico y pala para sacar los 4000 kilos de la hierba y el barro. Como siempre, probamos todas las técnicas existentes, pero acabamos subiendo las ruedas una a una con los gatos e introduciendo unas tapas de alcantarilla que encontramos. Esta noche dormimos planos.La mañana empieza accidentada. El esfuerzo de ayer pasa factura a la auto que marca una avería en el sistema de aceite y otro en la válvula del turbo. Zigzagueamos a velocidad lenta hasta el taller en Jaca y ponemos una solución temporal para poder llegar a nuestro destino.A pesar de la avería, el camino recto parece aburrido y nos desviamos hacia Riglos, pueblecito de Huesca al pie de una de las montañas clásicas de la escalada de principios del siglo pasado.

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No se me olvida aquel “Al Filo de lo Imposible” de mis 15 años, en el que se veía a Rabadá y Navarro entrenando en Riglos para la ascensión que les costaría la vida en el Eigger. Huele a final de viaje pero aún quedan unos cuantos kilometros, así que avanzamos una hora más, hasta llegar a un extraño lugar, uno de esos que con la luz del día no te dicen nada, pero al caer la noche cobran vida y nos regalan momentos como este de la primera foto...