Álvaro Sanz

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Madagascar #11 (recta final)

El día amanece nublado, y nuestras intenciones de visitar el lago con la salida del sol se van al traste. Decidimos pues pasear por la ciudad y desayunar con la calma que hace días hemos olvidado.

Llevo el ordenador encima para poder subir a Internet las últimas crónicas pero parece que el sistema telefónico del país ha caído en picado y no va a haber solución. Así que nos conformamos con un desayuno a base de zumo, yogur, café y crepes variadas. Cuando volvemos al hotel con la intención de recoger las cosas me encuentro con unos portadores de pousse-pousse jugando a una especie de bolos en la calle. Saco la cámara de vídeo y me pongo a grabar. A los 5 minutos ya formo parte del juego y me dejan entrar en el campo de batalla donde las bolas se golpean unas con otras. Me advierten con señas de que un bolazo en la cabeza me la pueda abrir en dos, pero les digo que tengo un ojo en la cámara y el otro en el lanzador, que ya me cayó alguna canica de las metálicas en la cabeza en 3º de EGB. Durante un rato comparto con ellos su diversión y les acabo retratando en grupo. Al final, como era de esperar, me piden que les de algo de dinero. Entrego a uno de ellos la cantidad que a mi me parece. Un minuto más tarde, desde la habitación del hotel, observo como se dividen el dinero entre todos sin ningún tipo de problema y desaparecen del campo de bolos.

071003_madagascar_28_antsirabe-18.jpgSalimos en un taxibus hacia el lago que se encuentra a 6km de la ciudad para ver qué nos ofrece. Después de un viaje corto, llegamos al destino. Aparentemente no es nada del otro mundo, pero a medida que vamos hablando con la gente voy sacando más y más jugo. Así paso un rato filmando a un grupo de señoras que lavan la ropa en el lago de aguas marrones y a unos señores que juegan a cartas mientras observan de reojo a sus mujeres trabajadoras. En menos de una hora estamos de vuelta a la ciudad y vamos de nuevo al restaurante italiano. Allí he quedado con los músicos de anoche para grabar unos recursos de audio. Después de comer de nuevo una pizza, esta vez en forma de Calzone, aparecen los dos chavales con una sonrisa de oreja a oreja. Parece que les apetece tocar para mi y que registre su música. Vamos a la parte de atrás del restaurante, a un patio poco atractivo pero que nos ofrece tranquilidad. Allí, improvisamos un sistema de grabación básico y les pido que toquen las canciones que recuerdo de ayer y que mejor me pueden servir. La última canción la toco yo con ellos y dejo la cámara en el trípode grabando. Así que con ese trío fantástico como broche final, salgo del restaurante en moto para ir a buscar al corredor. Toni ya está con él hace rato. El entrenamiento es básico, series de carrera continua alternada con descanso al trote. El campeón sobresale por encima de los demás, que corren a buen ritmo, algunos con zapatos, otros descalzos, y es que, como nos cuenta el coach, aquí no hay dinero ni para zapatos y algunos compiten con los pies sobre el asfalto o tierra batida. Toni se interesa por el sistema de entrenamiento que hacen y en resumen, nos cuenta que alternan correr con natación y un poco de pousse-pousse. La razón de este entrenamiento raro para un corredor es que en el país no existen pesas ni gimnasios, así que la natación ayuda a fortalecer unos músculos, y el carrito portador de personas, otros.

071003_madagascar_28_antsirabe-68.jpg Después del entrenamiento nos traen un carro para que podamos hacer una entrevista y charlamos con él sobre algunas cuestiones que nos parecen interesantes y relacionables con nuestro proyecto audiovisual. Cuando acabamos, el entrenador nos pide que a parte de darle algo de dinero le obsequiemos con algún souvenir, así que se nos ocurre darle una de nuestras camisetas de Siurana. Hacemos una foto de rigor para el recuerdo y nos despedimos de ellos. Un taxi nos lleva hasta la estación de taxibus de Antsirave donde queremos salir hacia Antananarivo, ya que mañana cogemos el avión a casa. Esta vez no estamos de mucha suerte y el vehículo que nos toca no es para turistas ni va vacío. Ya está lleno hasta los topes y quedan dos huecos para nosotros. Además de los 15 pasajeros, encima, en el techo, una gran cantidad de gallinas van a hacer el viaje con nosotros sin protestar. Casi 3 horas después, llegamos al hotel donde pasamos las primeras noches en la ciudad. Me siento casi como en casa y todo me huele a final. Estoy cansado como para escribir, así que lo dejo aquí. Supongo, que con los pies en mi Catalunya deseada os contaré como ha acabado todo, si es que ha acabado. Quizás solo ha hecho que empezar, y el pequeño príncipe ha aparecido para volver a desaparecer. Leí una vez que quien pasa un rato a la sombra de un baobab, vuelve a África. Parece que siempre es así, y espero que así sea. Sobre el libro, físicamente hablando, sabréis más... algún día...

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