Álvaro Sanz

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Madagascar #09 (en busca del Lemur)

En Madagascar el azar siempre cubre tus necesidades, así que a las 7 de la mañana vamos a la parada de taxis a buscar a nuestros locos fitipaldis de ayer para que nos lleven a un parque nacional a buscar al lemur, un pequeño animalito encantador que hay en la isla en algunos puntos concretos y que queremos filmar.

Cuando llegamos a la estación y ya estamos rodeados de decenas de taxistas ofreciendo sus servicios aparece una sonrisa resacosa por la ventanilla de un 4L. Nuestro chófer de ayer y su hermano están ahí como si supieran que íbamos a llegar en ese preciso momento. Subimos a su coche y les decimos que queremos ir a ver el lemur al parque nacional.

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El hermano lleva una resaca importante y confiesa que no ha dormido en toda la noche. Salió de fiesta y bebió mucho y ahora no quiere ir a casa a dormir. El dinero que ganaron ayer con nuestro servicio urgente en busca del tren les dio un subidón demasiado importante como para no salir a celebrarlo. Le explicamos con detalles que hoy no tenemos tanta prisa, así que puede conducir por debajo de los 80km/h. Cruzamos la misma carretera que ayer, aunque me llevo una enorme decepción. Ayer eran las 6 de la mañana y los primeros rayos de luz atravesaban el humo que salía de las casas y de pequeñas hogueras en el camino y creaban una estampa que hoy quería retratar. Se nos ha hecho un poco tarde y el sol ya está alto, así que vale poco la pena detener el auto. A pocos kilometros de la ciudad hay una enorme superficie dedicada a la fabricación artesanal de ladrillos. El trabajo es precario pero bien organizado.

Durante más de media hora grabo todo el proceso, empezando por los hombres que crean la pasta al lado del río; los que le dan forma con unas máquinas manuales; los que la colocan a secar en un perfecto mosaico multiforme; las mujeres que cogen los ladrillos secos y los amontonan en su cabeza en grupos de 20 y los transportan hasta el lado de la carretera, donde vendrá un camión y empezaran a cargarlo creando una cadena humana con ladrillos voladores. No falla ni uno, los ladrillos vuelan y los hombres se giran en el momento preciso para cogerlo y lanzarlo al siguiente casi sin mirar.

Llevan el tempo perfecto y cargan el camión rápidamente. Toni charla con un grupo de mujeres que están descansando y habla con las niñas, les explica que él también tiene una criatura que mañana hace 1 año. Nos sorprende las estaturas de los niños aquí ya que una pequeña de 3 años es tan pequeña o tan grande como Aina. Después de recorrer las 2 horas de camino que nos separan del parque nacional y reserva de la biosfera estamos preparados para ver al lemur, este animal que es una mezcla de ardilla y mono y del cual hay varias especies. Tras pagar el precio de la entrada y el guía obligado, unos 30 euros (tarifa casi de parque de atracciones) empezamos a caminar. Le digo a Toni que transmita al guía que solo queremos filmar lemur y que se ahorre toda la explicación del ecosistema de Madagascar, de las subvenciones que recibe el parque y la cantidad de animales que hay. Un minuto después estamos oyendo durante 10 minutos que hay 300 tipos de arañas, 4 de lemures, no se cuantos de reptiles... el guía tiene el sermón aprendido y está obligado a recitarlo. No es que sea un inculto y no me importe el parque, pero es que hay una hora de camino hasta los primeros lemur y hemos recorrido demasiado para verle, toda la información la puedo leer en una guía.

Andamos por este bosque de clima tropical húmedo. Notamos una enorme diferencia con todo lo que hemos visto. El bosque es frondoso y resbaladizo. Hay barro por todas partes y la paleta de colores se reparte entre los verdes y marrones. Después de los primeros 45 minutos andando el guía nos dice que guardemos silencio, que parece que hay un lemur en un árbol. Toni y yo nos acercamos, saco el material poco a poco e intento grabar en la dirección que señala nuestro experto biólogo. Un pedazo de pelaje marrón está a unos 100 metros de mí, subido a lo alto de un árbol tapado por cantidad de ramas. La cara de satisfacción del guía me confunde y transmito a Toni que eso no sirve de nada. No somos zoólogos ni turistas conformistas, quiero una escena de Toni con los lemures para incluirla en nuestra pequeña película. Al igual que el pequeño príncipe habla con el zorro, quiero que él charle con este animalito simpático, pero creo que una vez más mis ideas se esfuman como los sueños de Exupéry. Después de andar un buen rato más aparecen entre los matorrales dos jóvenes rubios armados con un teleobjetivo más grande que todas mis ópticas juntas y un pequeño kit de acuarelas. Intuimos que hay un lemur cerca, así que nos acercamos y miramos donde enfoca la lente del reportero. Allí, en lo alto de un árbol, en un pequeño agujero hay un lemur durmiendo. La especie que hay en este bosque es sobretodo la dormilona así que parece que hemos llegado a la hora de la siesta. El animal está hecho una pelota de espaldas a nosotros así que una vez más nos sirve de poco. Toni pregunta a los guardas si puede subir al árbol, le responden que no, pero él les dice que “gracias” y empieza a trepar hasta llegar a la altura del perezoso animal. En cuanto éste le oye se gira y abre los ojos, la cámara del fotógrafo alemán empieza a disparar como una metralleta. El dibujante coge el pincel y empieza a mezclar colores como un Dalí en sus momentos de inspiración y me doy cuenta que eso eso debe ser un gran acontecimiento en este precioso bosque tropical. Toni y yo acortamos la ruta para salir de ese negocio para turistas y planteamos bajar hacia el sur de nuevo a Ambalavao donde Toni ya ha estado y pudo ver un grupo de lemur Cata en libertad absoluta.

071001_madagascar_25_parque lemures ambalavao_011.jpg Recorremos de nuevo las dos horas de coche hasta Fianarantsoa para pasar por el hotel a buscar los pies de gato de Toni para que pueda escalar junto a los animales. Por el camino encontramos un millar de hombres hormigas que a pico y pala están cavando la zanja por donde pasará la fibra óptica. No he visto en todos estos días una sola excavadora ni taladro, todo se hace a mano a ritmo pausado. En el bullicio de los trabajadores aparece una gorra que llama mi atención y la enfoco. El icono Che Guevara está presente aquí también, cubriendo el sol del mediodía a un trabajador más que hace un agujero sin saber jamás para que servirá.

071001_madagascar_24_road to ambalavao_008.jpg En la puerta del hotel, mientras espero que Toni coja su equipo de escalada un señor con una cafetera futurista ofrece bebida caliente a mis conductores. La cafetera gigante es toda una obra de ingeniería creada a base de latas de leche condensada y totalmente funcional. Ya es tarde y estamos bajando hacia el sur, el sol se está escondiendo entre unas nubes y me da miedo llegar demasiado tarde. Volvemos a pedir al chófer que diga a Kit que ponga el Turbo y antes de empezar a rozar las cunetas un policía nos detiene. Estamos de suerte, es el poli que hace 15 días, antes de que yo llegara a la isla, hizo que Toni pasara 9 horas en un calabozo por no llevar el pasaporte encima. Le reconoce mientras mira los papeles del conductor de nuestro coche y le dice “hombre, tú por aquí, es la tercera vez que te veo”. Toni le dice que si, que vamos a ver lemures y le enseña su pasaporte. El ayudante del comisario también reconoce a Toni y se ríe. Mis cámaras están escondidas disimuladamente entre mis piernas y debajo del forro polar para evitar sustos. Parece que todo está bien con la documentación del auto y seguimos el viaje. Antes de cruzar el pueblo otro control de policía nos detiene de nuevo. Esta vez el agente nos dice que algo no va bien, pero nuestro chófer le dice que tenemos que llegar a grabar lemures antes de que se esconda el sol. Este profundo argumento convence al oficial y nos deja seguir mientras dice “a la vuelta lo arreglamos con algo de dinero”.

Llegamos al pie de la montaña cuando el sol está a punto de desaparecer. Salgo del coche con el REC en marcha y empiezo a correr hacia las rocas. El entorno es, una vez más, diferente a todo lo que hemos visto. Grandes rocas y montañas nos rodean, el color de la tierra es marrón y la vegetación mucho más seca de lo normal. Este país tiene gran variedad de ecosistemas y cada poco crees estar en un lugar diferente. Un grupo de chavales está en la puerta de su casa y me detengo un instante con ellos, parecen los guardianes de las montañas y le doy algo de dinero a una pequeña malgache. No me gusta nada repartir ariaris a la gente pero esta vez no lo puedo evitar. La pequeña ha llorado mucho al verme y debo compensarla. Como un abrazo le asustaría más y no le puedo decir gracias en ninguna lengua que nos una, un pequeño billete la convence de que no le voy a hacer nada con esos aparatos que llevo.

071001_madagascar_26_ambalavao to fianarantsoa_008.jpg Solo tenemos que andar unos metros para empezar a ver lemures por todas partes. Aquí, sin la etiqueta de “parque nacional” la naturaleza nos ofrece la escena que llevábamos buscando desde las 6 de la mañana y ya han pasado casi 12 horas. Claro que también es verdad que grabar animales es una ciencia que requiere calma y disciplina, y yo aún no he aprendido a utilizar esos dos términos. Aquí, el tipo de lemur que hay, además es mucho más bonito que el que hemos visto esta mañana, de color blanco y con la cola rallada se acerca hasta nosotros sin ningún problema para darnos la bienvenida. Toni empieza a subir a los árboles para observar de cerca sus técnicas de escalada y poder aprender algo. Así que durante casi una hora los animalitos y el escalador corretean entre rocas y plantas exhibiendo sus mutuas disciplinas deportivas. Salimos del bosque con la sensación de tener lo que buscábamos y volvemos al 4L para buscar de nuevo los últimos rayo de sol que apuntan a una roca a unos kilometros de distancia. Es la hora de la salida del colegio y un grupo de unos cincuenta chicos se acercan donde Toni esta empezando a escalar. Para ellos es algo extraño ya que armado solo con unos zapatos y pantalón, el hombre blanco trepa por una pared sin un solo agujero.

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071001_madagascar_26_ambalavao to fianarantsoa_031.jpgAprovecho la ocasión para fotografiarles y hacerme una foto con ellos antes de que caiga el sol y arrancamos hacia Fianarantsoa antes de que sea demasiado tarde. En el camino nos saltamos el control de policía que esperaba algo de dinero con un saludo desde la ventanilla, pero el segundo control nos detiene de nuevo. Pregunto al copiloto si todo va bien y me dice que sí, que el policía es amigo y su hermano solo ha bajado a charlar con él. Como tengo el culo tieso y las rodillas a punto de reventar de mantener la misma postura durante tantas horas aprovecho para bajar y estirarme un poco mientras veo por la puerta de la caseta de la gendarmerie entreabierta como el chófer recoge sus papeles de conducir y entrega un fajo de billetes a su agente amigo. Entra en el coche y nos dice que ya podemos seguir. Eso es “amistad” en Madagascar. Llegamos de nuevo al hotel y nos preparamos para dormir, ya nos hemos acostumbrado al horario de aquí y las 8 de la tarde es buena hora para plantearse cerrar los ojos y esperar a que el sol te despierte de nuevo. Mañana viajamos hacia el norte, ya en dirección a la capital donde nos quedan los pocos recursos para encontrar al “Principito”, aunque cada vez voy teniendo más la sensación de que ya lo hemos encontrado.. pero ya os lo contaré.