Álvaro Sanz

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Madagascar #06 (costa del Mar de Mozambique)

Con una puntualidad europea, el chófer del 4x4 que contratamos ayer en Tulear aparece en Ifaty. Nos despedimos del pueblo donde hemos podido descansar un poco y nos dirigimos hacia Andavadaoka, un pequeño poblado pescador que está a 200 km hacia el norte por la costa.

La carretera acaba en Ifaty, así que para la pequeña distancia que nos queda por delante, el chófer nos advierte que quedan unas 8 horas si todo va bien. Pronto nos damos cuenta porqué hemos invertido algo de dinero en el 4x4. Cruzamos Manguily, y aparece un baobab en la carretera. A pesar de no ser más de las 8 de la mañana Toni está motivado en escalarlo aunque solo sea por la estética que nos ofrece. Estamos solos en medio de una carretera llena de arena y aparece un anciano envuelto en una manta mientras Toni se está preparando para trepar.
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070927_madagascar_11_road to andavadaoka_019.jpgSeguimos el camino empezando a ver de nuevo el mar a nuestro lado, yo pido al chófer que pare cada 5 minutos para grabar el azul del mar y mis compañeros de viaje me dicen que afloje el ritmo que si no, no llegamos.

Así que decido subir a la parte de arriba del vehículo y buscar una buena posición. A medida que pasan los kilometros voy encontrando mejor postura, hasta llegar a estirarme. La carretera cada vez está peor, alterna piedras con dunas y la velocidad es muy lenta.
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El calor aprieta cada vez más y la arena se está poniendo blanda así que el coche da la sensación de estar flotando. Pido parar una vez como mínimo en un pueblecito para hacer unas buenas tomas para el documental. Allí, de forma improvisada se nos ocurre dejar leer a un grupo de chavales un fragmento del libro que tenemos en un papel y preguntarles si lo conocen. Nos dicen que no han visto nunca un pequeño príncipe pero parece que les ha caído bien. Alrededor del grupo que ha formado Toni y su libro mágico hay todo un universo. Una mamá cerdo y su cerdito corretean por la arena de playa comiendo los restos que han dejado sus dueños; unos chicos juegan en la playa y se acercan corriendo a verme; dos chicas jóvenes quieren posar para mí y cuando ven la cámara sienten la suficiente vergüenza como para lanzar una de las mejores sonrisas que he visto estos días. Sus caras pintadas de naranja son una mezcla de juego estético y protección solar.
Vamos haciendo paradas técnicas para que el coche descanse y siempre que podemos aprovechamos para subir a los árboles y hacer fotos. Ya tenemos todo un vocabulario para describir las texturas de los baobabs. Toni y Leire encuentran similitudes tan grandes entre la roca y este ser vivo que hablan de fisuras, grietas, techos, desplomes, presas invertidas, chorreras... para referirse a las formas de la corteza.
Realmente las posibilidades que ofrece el árbol es increíble. La parte inferior de su tronco suele estar bastante dañado. Su capacidad para almacenar agua para las épocas de sequía es extraordinaria. He leído que algunos baobabs llegan a almacenas 120.000 litros de agua y cuando no queda agua para los animales los pastores los llevan a comerse su corteza hasta encontrar su agua. Además, su fruto está cotizado por los malgaches por todas sus posibilidades así que les clavan unos palos para convertirlos en escalera y subir a lo más alto con una técnica muy diferente a la que hemos desarrollado estos días. Seguimos el camino y Philipe, el chófer, nos avisa de que a lo lejos hay una duna gigante, tan grande como una montaña. Me vienen a la cabeza mil posibilidades para utilizarla en el documental, pero no me dejan parar. Tenemos que llegar antes de que caiga el sol a Andavadaoka. No se puede circular por las dunas de noche y sería peligroso por los ataques que hay.
070927_madagascar_11_road to andavadaoka_296.jpg Los dioses se han puesto de mi parte y mientras me decían que no nos íbamos a detener, el coche empieza a hacer eses por una duna sin restos de ninguna huella. Hemos perdido el camino y nos quedamos enterrados. Pasamos un rato haciendo maniobras y cavando con las palas con la intención de salir de ahí de la manera menos dramática. Siempre queda el recurso de esperar algún camión o alquilar unos cuantos zebús para estirar, pero este país tiene una virtud, y es que aunque creas que estás en el lugar más remoto y perdido del mundo, por todas partes aparece gente cuando la necesitas, así que en breve aparece un grupo de pescadores dispuestos a coger la pala y poner unas ramas en nuestras ruedas. Cada vez llega más gente, niños, mujeres... y entre todos conseguimos sacara el coche de ahí. Ahora, dos jóvenes nos llevan entre el bosque hasta encontrar el camino que habíamos perdido. Me giro para dar las gracias al pueblo y me encuentro con una de las postales más emocionantes que he visto estos días. Un pueblo entero diciendo adiós a unos vazah que durante un rato han estado desesperados. Disparo una sola foto, pero todo está en armonía. Es la foto.
[pe2-gallery class="alignleft" ] 070927_madagascar_11_road to andavadaoka_193.jpg 070927_madagascar_11_road to andavadaoka_211.jpg [/pe2-gallery] Acercamos a una zona un poco habitada y vemos que están construyendo una especie de Camping. Philip nos explica que van a hacer un campeonato de barcos de vela populares dentro de unos días y ese es un lugar oficial de descanso para regatistas locales. En el bar hay un 4x4 aparcado. El primero que vemos en 5 horas de camino en este sitio, para mi, el más perdido del planeta donde he estado. Entramos y 3 hombres blancos nos saludan como a unos desconocidos hasta que ven a Toni dos veces y le preguntan en francés: “¿Tú eres Toni Arbonès?”. Yo me quedo un poco de piedra pues me parece un poco cómico, pero a veces el azar y los juegos de probabilidad son así. Le han visto en algunos de los vídeos que ha hecho sobre montaña y le recuerdan perfectamente. Antes de que nos sirvan la comida que hemos pedido nuestro chófer se da cuenta que también tiene una conexión con Toni. Su hija y yerno le conocen desde hace más de 20 años, incluso Toni ha sido compañero de cordada. Así que ahí estamos 8 europeos en un pueblecito de Madagascar y tenemos muchos lazos en común, así que la comida a base de calamar y arroz queda en familia.
Poco a poco y 10 horas después de haber salido llegamos al pueblo de Andavadaoka. La gente es simpática, hace días que no ven a ningún vazah y nuestra llegada es un acontecimiento. El lugar aparentemente es turístico, pero solo hay dos chicas americanas en la zona. Esa playa es paradisíaca y las cabañas donde nos vamos a alojartienen cantidad de colores. Hemos llegado justo a la puesta del sol y la escena de bienvenida nos anuncia que mañana será un día de descanso perfecto.
Las dos chicas americanas parecen simpáticas y vienen a hablar con nosotros. Nos explican su misión. Son de un grupo de voluntarios que tiene que llegar esta noche y que van a estar 6 semanas investigando como ayudar a este poblado a arreglar sus problemas con las aguas residuales. Ahora mismo la tradición es hacer las necesidades básicas en la playa, así que la blancura de su arena a veces se ve contaminada por restos humanos. Por suerte, la marea sube y baja hasta más de 1000 metros y hace una limpieza diaria. La cena a base de “fish” se ve retrasada por un pequeño problema. El grupo de 20 chicas americanas e inglesas que falta por llegar ha tenido un incidente con el camión a 20 kilometros de su destino y un monitor aparecido de la nada pide ayuda a Philip. El fantástico plan es que nuestro chófer vaya a buscar a los voluntarios investigadores y los vaya trayendo. Mientras se discute el tema yo empiezo a hacer cálculos y me doy cuenta que esos 20 kilometros suponen 1 hora de viaje o más ya que ahora está oscuro. Eso multiplicado por el número de viajes mas los trastos que traen para 6 semanas hace que la cosa se complique. Así que en Madagascar, en un sitio precioso aparece el Álvaro más egoísta del mundo y le dice a nuestro chófer que no vaya a buscar a nadie. Enumero las razones para que tampoco me juzgue nadie: - es peligros circular por la noche por una carretera de dunas. - el pobre señor francés lleva 10 horas conduciendo y el coche ha sufrido un poco. - qué mejor comienzo para las chicas en su aventura en Madagascar que empezar con una noche durmiendo a la intemperie.
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Así que cuando sale la luna, estamos casi solos en la “Coco Beach” y doy gracias por que las cosas estén saliendo tan bien como hasta ahora. Antes de ir a dormir me fijo en las normas de la casa para que toda mi logística audiovisual no se vea afectada. La electricidad solo va en un horario reducido y hay que optimizarla. El agua solo va por la tarde. Las comidas son sencillas, hay lo que se pesca ese día. Pero el sol funciona 14 horas a todo gas y para un día de descanso es suficiente. Me escondo en la mosquitera mientras he repartido por varios bungalows los cargadores de cámaras y ordenador. La mañana aquí empezará a las 5 y hay que descansar. Los problemas se afrontan mejor si uno a descansado.