Álvaro Sanz

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Madagascar #01 (Paris)

Estoy en Paris, sentado en un café de aeropuerto, viendo pasar las horas, el tiempo, la gente.

Y me estoy preparando mentalmente para el viaje. La semana pasada leí un dicho africano a los europeos que me hizo pensar: “Vosotros tenéis los relojes, nosotros el tiempo”, seguramente es cierto. Vivimos condicionados por las horas, por los relojes, por los minutos. Tenemos todo cuantificado. Y ahora estoy releyendo el “Petit Príncep” edición catalana y habla de eso, de los estúpidos que somos los adultos, que tenemos que cuantificar todo con números, cifras, precios. Las casas no son bonitas, ni rojas, ni con suelo de “rajola” típica del Perelló; necesitamos decir que alguien se ha comprado un chalet de 300.000€ o que un amigo paga solo 1100€ de alquiler en Gracia. Ya os he dado dos pistas de porqué estoy aquí, voy a África, a la África más remota en busca de un libro, en busca de una edición especial del “Principito” en Malgache, la lengua de Madagascar.

070923_madagascar_01_airport france_010.jpg Para los que os interese, os contaré la historia desde el principio. Hace 3 semanas Toni Arbonés, mi gran amigo escalador y montañero, estaba con dudas. Le habían propuesto participar junto a los mejores escaladores del planeta en un documental en la cuarta isla más grande del mundo. Pero Toni, que ha sido el liberador de puñados de vías en todo el globo; que ha equipado decenas de vías en montañas de toda Catalunya; que se ha enfrentado a 14 días encerrado en una tienda de campaña a 5000 metros de altura, no tenía suficiente motivación para el reto que se le presentaba. Él no me lo ha dicho, pero creo que debe ser la crisis de los 40. Y ahí estaba yo, también con mis miedos, mis frustraciones personales y pasando unos días en busca de un proyecto que me motivara personalmente. Así que Toni dijo la frase sin aparente sentido: “Si voy a Madagascar y traigo el Principito en Malgache, mi hermano me paga el viaje”. “¿Cómo?”. “Si, mi hermano es el mayor coleccionista del libro de Saint-Exupéry en el mundo, lo tiene en casi todos los idiomas que se conocen publicaciones. Solo le falta la de Madagascar”. Creo que no pasaron más de 3 horas, comprobé que no tenía ningún compromiso, ningún rodaje, ningún concierto y compré los dos billetes. Toni y yo nos íbamos a Madagascar en busca del libro, y lo que era más importante, a mi amigo se le dibujó una pequeña sonrisa que hacía días no le veía. Quizás le hacía más ilusión esta hazaña, este proyecto, este reto, que subir la montaña más alta del mundo. Así que esta es la historia, y aquí estoy yo, solo en el aeropuerto de Paris Orly. Toni hace ya unos 15 días que se fue a hacer el documental con la expedición francesa y han conseguido lo que se habían propuesto y han rodado un documental. Yo, si todo va bien, me encontraré con él mañana a las 7 de la mañana en el aeropuerto de Antananarivo. Ahora solo me queda esperar, sentado, viendo pasar puñados de africanos parisinos, mujeres tapadas de arriba a abajo, familias enteras despidiendo al abuelo que vuelve a Marruecos, y es que este aeropuerto tiene todas las conexiones posibles con África. Ahora solo me falta esperar, y desear que Toni esté allí, esperándome, si no, quizás tenga dos objetivos: buscar el libro y a mi amigo.