Álvaro Sanz

Blog old

Cinque terre

Entrar en las Cinque Terre estaba claro después de leer en todas las guías que me acompañan que es una de las zonas más bonitas de Italia y tiene el preciado título de Patrimonio de la Humanidad.

Sé que esa etiqueta es a veces símbolo de bellezas sublimes y otras convierte los lugares en parking de autobuses con cuatro piedras que visitar. Lo que está claro, es que en ninguna de las guías habla de las dificultades que voy a tener para llegar hasta allí. Se me ha ocurrido viajar por la noche para despertar en este aparente paraíso y empezar el día con energía y ese ha sido mi pequeño error de la jornada. La carretera cada vez se va estrechando más, llenándose de agujeros, lluvia y noche misteriosa. Mi cabeza, que no ha arrancado bien esta mañana por culpa de un mail laboral, no digiere bien el trayecto y cada vez lo veo todo más negro. Cómo puede ser que ante un paisaje tan bonito, natural, puro y no sé que más adjetivos, un solo mail, un único mail que he leído esta mañana haga que vea todo de otra manera? No ha hecho más que empezar la primera semana de esta nueva aventura y ya me doy cuenta de que es imposible desconectar de lo que he dejado en mi tierra para sumergirme en lo nuevo que me ofrece este camino de curvas. Así que el trazado se va complicando más y más hasta llegar al punto de no tener vuelta atrás. Demasiadas señales de peligro juntas para mis retinas , me advierten que entrar aquí no es fácil, y que salir va a ser todo un logro. En tan solo 50 metros llego a leer: “Atención, carretera peligrosa”; “Prohibido circular camiones”; “Precaución con lluvia”; “Velocidad máxima 30” y para rematar, una que advierte que el ancho de mi pequeño vehículo va a rozar con los cantos por todas partes. Diferentes señales me obligan a aparcar y me indican que el pueblo es peatonal.

[pe2-gallery class="alignleft" ] 071026 cinqueterre-43.jpg071026 cinqueterre-79.jpg071026 cinqueterre-132-Editar.jpg[/pe2-gallery]

  [...] Cuando ya todo empieza a parecer repetitivo y mis pies demasiado fríos decido salir de ahí para quitarme de encima la más pronto posible la subidita hasta la carretera principal. Ante el peligro que se avecina decido desconectar todos los tubos del gas; vaciar un poco el depósito de agua para llevar menos peso; guardo todo el material delicado, cualquier objeto que se me pueda caer a la cabeza; preparo mentalmente cualquier operación de emergencia por si las moscas y recuerdo que en mi entierro quiero que suene “the long and winding road”, de McCartney, por favor... Y de pronto ya está! En menos de 8 minutos estoy flotando entre nubes y árboles otoñales en una carretera preciosa y perfectamente asfaltada mientras voy deteniéndome de vez en cuando para retratar la naturaleza que se me presenta. En cada disparo me doy cuenta de que el miedo es algo incontrolable, absurdo y que nos hace frágiles como un niño. Por la noche, nos transformamos y todo se ve más oscuro, más difícil de lo que es. Las decisiones importantes hay que tomarlas de día, con el sol golpeándote en la cara y el aroma de un buen café entrando directo por tus fosas nasales.