Álvaro Sanz

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Bélgica, región de Wallonie

Si tengo que escoger entre perderme entre libros o luchar con las fieras, elijo lo primero.

Por suerte, las etapas de distancias largas ya han terminado, ahora tocan unas cuantas jornadas de cortos recorridos. Sin darme cuenta, llego a Bélgica y Saint Hubert, mi primer destino, parece amable. Encuentro un sitio encantador para dormir a las puertas de uno de los bosques. No hay ni un alma. La noche es tranquila. Esta región está llena de senderos, y si uno es paciente puede ver ciervos, jabalíes y algunas otras fieras. Yo no debo ser demasiado, ya que durante 2 horas y 20km solo he visto la rueda de mi bicicleta.

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Después de comer, y tumbarme un rato al solete en la hierba, decido partir hacia Redu, un pequeño pueblo del que solo sé que está lleno de diminutas librerías. Al llegar, comprendo la fama de este lugar de papel. Paseo por decenas de tiendecitas con libros de todo tipo y en todos los idiomas.

Salgo de allí antes de llenar la autocaravana de pequeños souvenires y hago una bonita excursión hasta Daverdisse, un pequeño pueblo en el que sufro una experiencia inolvidable con la naturaleza más salvaje. Mientras estoy grabando tranquilamente en un riachuelo, al otro lado oigo como pasos de perro. Crujir de ramas. Más pasos y respiración fuerte. Lo que era un perrito en mi imaginación se convierte en un cerdo, luego en una vaca, luego un toro... hasta que me doy cuenta de que es una manada de jabalíes salvajes. El ruido que hacen es indescriptible y parecen muy enfadados. Enciendo la cámara y apunto al infinito por si aparecen. En estos momentos, uno es cuando descubre realmente lo valiente que es, y yo no debo ser mucho porque a la que veo un jabalí cruzando el río hacia mi, he salido corriendo y me he subido a un árbol. Desde allí he podido observar a una mamá-jabalí, y a sus cuatro hijos simpáticos. He pasado veinte minutos haciendo coreografías subiendo y bajando de árboles, hasta que me he dicho literalmente “alvarito, eres un cobarde, esto no es para ti, acéptalo, lo tuyo es jugar con las texturas de una ventana de madera vieja”. Volvemos a dormir a Redu y por la mañana, pido permiso para filmar a un restaurador de libros antiguos. El señor me abre las puertas del taller y me muestra pacientemente cada máquina y cada técnica. Me encanta verle manejar los libros con una mezcla de cariño y alta velocidad que acreditan su experiencia y pasión.Después de una pequeña reunión con Raquel para decidir si tenemos suficiente material para editar una pieza de esta región, salimos hacia Gante, donde pasamos la tarde con Eline, una ex-chica-de-prácticas de dzero. Mañana viajamos a Holanda.