Álvaro Sanz

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Albi, obra maestra del Tarn

Después de abandonar las Gorges du Tarn, descubro que esta preciosa ciudad en la que he dormido fue construida con la arcilla creada por mi río favorito...

Llego a Albi por casualidad. Es hora de parar a dormir en este viaje de vuelta a casa después de pasar varios días en la región del Lozère. Esta ciudad parece demasiado grande para mi gusto, pero ha aparecido en mitad del camino, así que no negaré al destino la oportunidad de conocerla. Al amanecer, durante un paseo rápido por sus calles para hacer los servicios de los perros descubro que hemos dormido a los pies de la preciosa catedral roja y particular de esta encantadora ciudad francesa. Mujeres sonrientes en bicicleta me dan los buenos días mientras se dirigen al mercado a comprar las mejores frutas y verduras. Decido que debo pasar la mañana aquí y que mi viaje de vuelta a casa puede esperar.Lo primero que siente uno al caminar por las calles de Albi es que está en Pisa o Florencia. El color de la piedra, la distribución de las casas, el ambiente de los vecinos... todo recuerda a estas ciudades italianas. Poco a poco, uno se va dando cuenta que está en Francia. La elegancia de los interiores, los detalles cuidados hasta límites insospechables, la limpieza...La melodía de un músico callejero me lleva hasta un mercado colorido, simpático, lleno de productos de la tierra. Noto que ya ha empezado la Semana Santa. De la soledad del Aubrac paso al bullicio de las calles llenas de turistas y viajeros como yo que se han sentido atraídos por este lugar, o que quizás también han llegado aquí por casualidad.