Álvaro Sanz

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Diapos

Hubo un tiempo en el que solo hacía diapositivas. Tengo cajas llenas. Fue durante la carrera. Una época en la que nos valoraban por investigar.  

Era el año 97, y teníamos la asignatura de fotografía en primero. Pasábamos más horas en el cuarto oscuro, con ese olor a líquidos que nadie olvida, que haciendo fotos. Pero aprendimos las bases, para siempre. Mi compañero Albert Folch   fue el que me introdujo en el mundo de la diapo. Podías intervenir, manipular... y de eso Albert sabía mucho. Y así es como comencé a acompañar a algunos grupos de música proyectando imágenes durante el concierto; a proyectar sobre cuerpos y volver a hacer fotos; incluso a hacer diseños con el ordenador y fotografiar la pantalla (algo rudimentario pero efectista).

Hacía mucho que no disparaba diapo, y había un carrete caducado que me acompañaba en todas mis mudanzas, desde no sé qué año.   El año pasado lo puse en la vieja Zenit de mi padre, y fui haciendo fotos de vez en cuando. El otro día lo revelé, y aparecieron pequeños momentos congelados. Ahora es el momento de ponerlas en un carro del proyector, apagar las luces, y comenzar a pasarlas una a una escuchando el rugir del ventilador lleno de polvo. Lo que daría por hacer unos tés, preparar unas magdalenas e invitaros a casa, sentados todos en las alfombras marroquíes y disfrutar de la magia!

Nota: Estoy seguro que los que seguís mi blog veréis imágenes que os suenan de antes. La razón es que muchas veces disparaba con analógico y también con digital. Así que veréis cosas de París, Portugal, Asturias, nuestra casa en Soutelo de Montes... 

La magia del analógico

Una de las cosas mágicas de trabajar en analógico es que un día encuentras un carrete en un cajón, pasa al bolsillo de una chaqueta y de ahí a una estantería durante semanas... al fin lo llevas a revelar, y aparecen 36 instantes que no esperabas.

Y esto ha pasado con tres rollos que han llegado hace unos días a casa. Dos eran míos y uno de Mo. Recordaba cada una de las imágenes, y el momento exacto de escuchar el obturador de la vieja cámara rusa con la que aprendí a fotografiar. Pero a la vez todos esos instantes habían pasado al olvido, una especie de olvido temporal, como si una parte de nuestro cerebro se encargara de las sorpresas, de los misterios, de la magia y guardara algunos recuerdos para momentos como este, en el que abres un sobre y aparecen un montón de negativos y una montañita de papeles con una textura única. Entonces te preguntas porqué no disparas más veces con la rusa, la cámara Zenit que por alguna extraña razón ha querido que aparezcan unos destellos de luz de forma aleatoria y que otorga a cada una de estas estampas un grado de autenticidad y aleatoriedad que me excita (ninguna de estas fotos ha sido manipulada digitalmente).

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Imperfecciones de la vieja rusa

Hacía años que mi padre me la regaló. Una vieja Zenit, "la rusa", como siempre se le ha llamado en casa. Y digo "siempre" porque ha estado toda la vida. Con "la rusa" se fotografió el bautizo de mi hermana a finales de los 60 y mi comunión, a mi hermano vestido de pirata, aquellos viajes eternos en un Seat 124 por Castilla, y las vacaciones familiares en Mallorca en el 79. Toda mi infancia ha pasado por ella. Su obturador, el de un 50mm f2, ha congelado todos los momentos que recuerdo y que han pasado a formar parte de mi vida en imágenes. Curioso, pero muchos de los recuerdos que creemos tener, en verdad son fotografías que hemos visto en algún momento y no recordamos las cosas en sí. La cámara, hacía años que había pasado a adornar una estantería tras otra en todos los lugares que he vivido. Y una tras otra, también,  han pasado cantidad de cámaras que han sido las protagonistas de distintos momentos de mi vida. La era digital ha acelerado el proceso de substitución, y con ello, la falta de amor hacia el objeto-cámara.

Esta primavera he decidido sacar la Zenit de la funda y comprarle un carrete. Un Kodak, de ISO100, forzado a 400 voluntariamente. Ahora no soy un niño que se disfraza o que hace la función de final de curso en el colegio. Ahora, la cámara me ha acompañado en viajes primaverales por el Empordà, Galicia y el Lago de Sanabria. De este último lugar son las fotos que comparto (no tienen ningún tipo de manipulado). Mònica y yo compartimos el placer de hacer click con la rusa, y la inquietud de la espera por recoger el material revelado semanas después. El resultado, una sorpresa. Una serie de light-leaks, que tantas veces hemos jugado a imitar con herramientas digitales, y una serie de velados por causas desconocidas. Ahora, más que nunca, estoy deseoso de poner otro carrete en la vieja cámara, y ver qué pasa.

Angus&Julia Stone - You're the one that I want

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