Álvaro Sanz

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Finestra amiga a Torelló

No sé que tiene Torelló... pero cuando voy tengo la sensación de llegar a casa...

Será que hace casi 10 años rodé mi primer videoclip un poco serio para Paparazzi y su gente se volcó de forma única e irrepetible. Será que no me conoce nadie pero la gente me pregunta "ei, no ets el colega de la Nuri?". Será que tengo amigos de verdad, que siempre que les llamo me acogen en casa, ya sea el mejor momento de mi vida o tengan que cogerme con pinzas. Será porque preguntan lo justo y no tengo que pagar el precio de que alguien te ofrece su hogar y tienes que repasar toda tu vida por obligación y como moneda de cambio. Será porque cuando voy llenan su nevera de leche y los armarios de cereales como si un niño de 10 años fuera a visitarles. Será porque siempre espero que caiga el sol y que la luz atraviese la ventana y cree esos dibujos cambiantes, multicromáticos, aleatorios e imprevisibles... como nosotros mismos. Gràcies parella.

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Como elfos en Bellmunt

Durante dos días y dos noches he vivido como los elfos de un bosque en Bellmunt, cerca de Sant Pere de Torelló.

He pasado una semana en Barcelona ciudad porque tenía que impartir clases en varios talleres, workshops y postgrados de tres universidades catalanas. En cuanto he tenido la oportunidad y un hueco de 3 días en mi calendario docente de este mes de marzo he salido con la casa a cuestas hacia Bellmunt, muy cerca de Sant Pere de Torelló. He aparcado justo a los pies del santuario y la cruz inmensa que presiden este monte de más de 1200 mts de altura y desde el que se puede ver toda la plana de Vic. Por la mañana la niebla es tan intensa que no te permite ver más de tres árboles seguidos, pero la sensación es tan mágica que caminas y caminas hasta que la manta espesa se va disolviendo y poco a poco el bosque te va presentando toda su belleza. La banda sonora que acompaña a todo este espectáculo está compuesta de pájaros pequeños y de campanillas de vacas que pastan ahí abajo. El cromatismo se reduce a tonalidades cálidas, aquí no hay lugar para los fríos.
Es así como durante dos días y dos noches he sido un elfo de un bosque encantado, residiendo en mi pequeña cabaña con vistas al mar de niebla que lo inunda todo.
Durmiendo en St. Genís d'Orís

Este fin de semana, por órdenes del guión, aparezco en Torelló (Osona).

Como no hay mejor manera de empezar un fin de semana que comiendo, voy directamente al Merlot, en Vic, uno de mis preferidos en cuestión de gastronomía. Si vas, no pidas carta, directamente haz que traigan embutidos y queso, lo demás viene solo. El lugar no tiene ningún misterio, un pequeño localcito decorado con radios antiguas y relojes de época; al fondo, las brasas siempre encendidas y controladas por un señor mayor. Su esposa te dará la bienvenida apoyándose en alguna mesa, pues apenas puede caminar. Come cuanto quieras, al final, pesarán la que has cortado y solo pagarás eso. Es lo que se dice economía culinaria, nadie tira nada, nunca hay restos. Si hay más gente en el restaurante y alguien ya va por los postres mientras tú aún te debates entre el fuet o el queso, verás la performance que acompaña al postre estrella de la casa, y que no podrás evitar pedir cuando llegue el momento. No te describiré en qué consiste, pues de simple que es, pensarás que no vale la pena pasearse por el carrer Gurb de Vic y buscar el Merlot. Para dormir escojo el solitario Castell de Orís, a tan solo unos kilometros, cerca de Torelló. Hay un parking de tierra tranquilísimo donde no suele haber nadie y a unos 100 metros una fuente donde coger agua, así que autonomía absoluta para pasar allí un par de días y recorrer algunos senderos, subir al castillo a disfrutar de las vistas, o tumbarse a la sombra de los árboles... buen fin de semana!