Álvaro Sanz

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Salir de la Isla

No fue fácil dejar la Isla, Bullerö, ese pedazo de tierra en el Archipiélago de Estocolmo que nos hizo de hogar hace ya unos meses. 

Tampoco ha sido fácil pensar en partir hacia Noruega mañana. Dejar en tierra personas a las que amo que todavía no conocen la dimensión de la distancia, del tiempo, ni del amor. Los viajes nos hacen fuertes, grandes, nos hacen entender el mundo, la diversidad, el factor tiempo... y nos hacen recordar, también, lo felices que somos en casa. 

Amanecer en Bullerö

Hoy hemos salido de casa temprano. La temperatura estaba por debajo de los 0 grados. Los campos de la aldea estaban helados, blancos. Las plantas tenían gotitas totalmente petrificadas en cada una de sus hojas. Gotitas que soñaban con que saliera el sol y las fundiera, para caer de nuevo al suelo y nutrir a esta rica tierra gallega. Y mientras avanzábamos por la carretera que nos lleva a la civilización me iba dando cuenta de lo que ha cambiado todo en sólo unos meses. De esos amaneceres a las 7 de la mañana, en manga corta, corriendo en busca del mejor punto para ver el sol, a los jerseys, las bufandas y gorros para ver nada más que algo de claridad entre un montón de nubes. Y me ha vuelto a venir, recuerdos de este verano mágico, de luz, de nuevas amistades, de cientos de risas irrepetibles... y de amaneceres como este en la isla de Bullerö en Suecia que vivimos tan intensamente durante los 3 días en que nos perdimos unos cuantos afortunados. Y no hay mejor canción para un lindo amanecer de verano y sus recuerdos que Wake me de Message to Bears.

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The Island Moved in the Storm

Hoy, al despertar, he mirado por la ventana y he podido ver un lado del cielo azul, el que se acerca a la Ría de Pontevedra, y por el otro un gris de tormenta, el que apunta a la Serra do Candán.

Y he recordado que tan solo hace unos días estábamos en Bullerö la isla sueca en la que dejé una parte de mi. Y allí, vivimos una de esas experiencias que uno no puede crear, que uno no puede imaginar y que uno no puede olvidar: la tormenta de granizo en medio del mar, montados en algo tan frágil como una pequeña barquita de remo. La madre naturaleza nos dio una lección y nos recordó que ella manda, nosotros tan solo somos pequeños remeros que nos movemos por sus aguas.

Os dejo con Florida Rain de Matt Bauer, uno de mis favoritos, con un disco que no puede venir mejor para el post... "The island moved in the storm"

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Fisherman's blues

Está lloviendo en Galicia. Ayer hizo sol. Es lo que tiene esta tierra. La climatología es aleatoria, como la música que suena hoy.

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De repente han entrado The Waterboys con un clásico como el Fisherman's Blues y me han venido extraños recuerdos de Bullerö, la isla donde estuvimos hace unos días. Allí, después de la tormenta, nos refugiamos en la sauna más bella que uno pueda imaginar. Y allí, mientras hacía fotos a mis compañeros, apareció de la nada Alan, un chico vasco. Nos contó que era la tercera vez que venía a la isla este verano, que siempre lo hacía cuando tenía invitados o unos días para desconectar del mundo. Había llegado en un velero, y seguirían su ruta por otras islas después de pasar la noche en un viejo embarcadero. Pensé que era un marinero, libre y le pedí si le podía fotografiar. Miró al infinito, porque sabía la foto que yo quería con solo mirarnos a los ojos, y por un momento se convirtió en un pescador, de verdad...

 

I wish I was a fisherman tumblin' on the seas far away from dry land and it's bitter memories castin' out my sweet line with abandonment and love no ceiling bearin' down on me save the starry sky above with light in my head with you in my arms...

El cielo gira en Bullerö

En Bullerö hay una casita que es la cocina y comedor común, para que todos los que visiten este paraíso flotante puedan refugiarse, charlar rodeados del fuego, cocinar, sentarse a disfrutar de un buen salmón o los huevos de las gallinas de la isla...

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Por las noches, el cielo gira despacio alrededor de estas casas de madera, rojas, y uno siente una paz tan grande que podría quedarse ahí, sentado, sintiendo los azotes del viento con olor a mar, esperando a que cada estrella se pierda en el horizonte y salgan otras, con la ilusión de ver nacer un nuevo día. Pero el cansancio de jornadas tan intensas y llenas de emociones te llevan a la cama, en habitaciones silenciosas, con olor a pasado, a historia, a viejos pescadores y cazadores de animales que han desaparecido ya, para siempre... Queda el recuerdo imborrable de la isla, también para siempre...

 

 

Nothing can beat us

Volver de una isla del Archipiélago de Estocolmo y no saber por dónde empezar. Mis fotos no tienen la fuerza de mis recuerdos y mis palabras no tienen la expresividad de mis emociones.

Este ha sido un curso y un viaje muy especial y necesitaré unos días para poder contarlo. Mientras, os dejo con una foto de Mö justo en el momento de pisar tierra después de vivir uno de los momentos de descarga de adrenalina más importantes que he vivido en mi vida. Un pequeño bote, dos remos, cuatro personas, una tarde preciosa convertida en tormenta de granizo en medio de un mar agitado y repleto de pequeños islotes, unos instantes de pánico mezclado con risas de desconcierto, incapacidad por fotografiar a pesar de vivir algo tan mágico como trágico... Pero nada podrá con nosotros.

Curso de Fotografía de Alvaro Sanz en Bullerö

Volver a Suecia y vivir en una isla

Hace un año viví las goldenhours más largas que jamás hubiera imaginado.

Mi anterior visita a Suecia había sido una fría Navidad en que las horas de sol se contaban con los dedos de una mano y me apasiona las dos caras de este país. Ahora, os propongo compartir conmigo la experiencia de la magia de la luz del norte en una pequeña isla de pocos kilómetros de largo en el archipiélago de Estocolmo. Aquí tenéis la información de este viaje fotográfico... Solo podemos ser 10 personas por los límites de la isla. Promete ser una experiencia única y de un trabajo reflexivo alrededor del mundo de la fotografía, la imagen y el arte. Estoy muy emocionado y quiero compartirlo con vosotros.

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José González en Göteborg

Viajar a Göteborg automáticamente nos conduce a pensar en José González...

... y pasear por sus calles y descubrir en un cartel pegado en la pared que el sueco toca en casa no tiene precio...

... y que el técnico de sonido saque una trompeta y la haga sonar sin que nadie se lo espere...

... y que Marta coja el repertorio de recuerdo...

... y que toque Teardrop y todos nos levantemos a aplaudirle...

... y que al salir, sea de noche pero brille un sol que nunca se apaga...

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Controlar el mundo desde una vieja caseta

Todos hemos soñado alguna vez que controlamos las luces de un faro, vigilamos las viejas embarcaciones que se acercan a la costa y cuidamos de ellas.

El otro día compartí con vosotros una fotografía en el post de "Vrångö, tan cerca, tan lejos". Hoy os enseño esta vieja caseta de la misma población desde donde se controlaban los pequeños faros y luces que advierten de la difícil costa. La hice casi al atardecer, mientras esperaba el barco que me llevaría de nuevo a tierra firme y mientras una joven pareja, al fondo de todo, se contaban secretos y se despedían de estas tierras para siempre.

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Cambios de color...

El sol cambia de color... lentamente...

Visitar Suecia durante el verano es vivir días eternamente largos, tan largos que pueden llegar a cansar, porque si te descuidas, duermes dos horas y el sol vuelve a aparecer. La soñada golden hour se llega a hacer hasta pesada y aburrida. Este pájaro habitaba una casita de madera, y le he observado durante horas. Desde la mañana (primera fotografía) hasta altas horas de la tarde (segunda imagen) entraba y salía de su pequeño hogar, que parece ser, conectaba con el interior del árbol... y dentro, se escondían secretos suecos!

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