Álvaro Sanz

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Mirades de Cargol: Amalfi, Pomeia, Alberobello, el palpitar del Vesuvi

En este capítulo de Mirades de Cargol, conoceremos la costa de Amalfi, que tiene como protagonista pequeños templos de culturas lejanas en el tiempo.

Mi programa de televisión se sigue emitiendo en las teles catalanas, y yo os voy poniendo los nuevos capítulos aquí para que los podáis seguir. Esta semana toca la pieza que rodé en noviembre de 2007 en el sur de Italia. En Pompeya me recreé en sus texturas, sus frescos y capiteles, imaginando la vida que bullía en sus calles en otros tiempos. Incluso llegué a imaginar el latir del volcán durante aquellos históricos minutos de fuego. Las imágenes hablan por sí solas.Aquí tenéis el texto en castellano, escrito por Raquel...

El verano tardío se resiste a despedirse en esta mañana de Noviembre, mientras un pequeño atrevido juega en la orilla de este mediterráneo generoso. Amalfi comienza en la ladera de una montaña y se extiende hacia el cielo, buscando la luz. Templos de otras culturas salpican este luminoso decorado. En la orilla el arte de un pincel anónimo atrapa mi atención, por lo mínimo de sus trazos. El ocaso llega en violeta floreado y lo observo desde lo alto deseando ser pájaro.
Pompeya es semejante a nada. Nunca la hubiese inventado así. Como en un sueño he podido volver al pasado e imaginarme en el Teatro Píccolo recitando a Aristófanes, o en los jardines de la casa del Menandro cuidando las flores, incluso en el foro asistiendo a una asamblea popular rodeada de pretores y senadores…porque Pompeya es el pasado hecho realidad, donde está perfectamente pensado y previsto: el sistema de calefacción, el trazado de las calles en perpendicular, la distribución de las casas... De pronto una fuente en el camino me hace pensar en animales tirando de carros, reposando después de una dura jornada y en mercaderes refrescándose frente al Vesubio. En cada esquina elegantes termas ofrecen respiro y hedonismo. Unos metros mas abajo el circo reclama público mientras las fieras esperan su turno asesino. Ecos de otros tiempos, de otros universos se confunden con los ecos de mis pasos recorriendo estas cuadrículas Imperiales.
La luz pompeyana me acompaña de forma celestial mostrándome cada estancia, descubriéndome sombras orgánicas en las paredes milagrosamente resistentes al paso del tiempo. Estucados de colores favoritos engalanando las cornisas y capiteles bordados con cadenetas de hojas volcánicas alegran los pilares de este universo casi impensable. Y mientras camino, escucho historias..las historias de las vidas sepultadas bajo la lava. Vidas que nacieron, amaron, sufrieron y murieron entre estas piedras que hoy se muestran alegres de contarme sus recuerdos mientras un generoso sol italiano nos la presenta maquilladas en dorado. Así, paseando y escuchando estas voces del pasado pienso en el tiempo transcurrido, ese tiempo de los momentos en que te sientes vivo, el tiempo de los sucesos importantes, el tiempo que nos deja huella, el tiempo de las sensaciones que permanecen para siempre.
Los robles nos reclaman ya en Alberobello o Arboris Bellis, una aldea de curiosas casa circulares que debe su nombre a un bosque de ancianos “carballos”. Las preciosas construcciones autóctonas  aquí se dicen  Trulli. Encaladas en un blanco pulcrísimo aparecen perfectamente ordenadas en barrios de fábula. En sus tejados de pizarra muestran amuletos dibujados para proteger a sus moradores. Un poquito más arriba una abuelita de papel cebolla teje bufandas de colores y nos  mira desconfiada. Huelo el frío invernal que asoma después de un ocre otoño y le sonrío. Estoy preparada para recibirle...
The lost picture #02: Los colores del tiempo

Sigo con la publicación de fotos perdidas, imágenes de hace tiempo y que no había publicado...

Esta bicicleta la encontré en mi viaje por Europa en 2007, en la región de Triora, en Italia. Era un día nublado, recuerdo que comí spaghetti a la carbonara y me perdí por un pueblecito en el que no vi un solo habitante. La bicicleta apareció en mi camino y me encantó este efecto de "decapado" que tiene por el cual se adivina el paso del tiempo y el cambio de gustos de su propietario. La quise coger y taerla para decorar el jardín, pero pensé que no podía robar algo tan bello...

Como, Montorfano, Ainaras y Mozart

La primera vez que vi a Ainara en directo me sorprendió lo intimo de su música. En un local donde apenas nos habíamos reunido treinta personas, a pesar de la calidad de la intérprete, me alegré al comprobar como en nuestro país podía encontrar una voz y un estilo que nada tenía que envidiar a otras muchas cantantes folkies-country-rockeras, o como quiera uno etiquetarlas, que desde hacia algún tiempo me habían conquistado.

No me gusta mirar atrás, pero esta vez vuelvo a Italia para ver a la amiga Ainara en concierto. La espero 4 días en Montorfano, un pequeño pueblo cercano a Como, una ciudad encantadora al lado de un lago. Aprovechamos para descansar un poco, ahora se empieza a notar el peso del viaje, y la horrible sensación de estar volviendo a casa.

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Pompeya, Matera y Alberobello

Antes de dejar Italia Kate y Leaf, los viajeros australianos que he conocido estos días, me obligan a visitar Pompeya, así que hago caso a sus recomendaciones y me obligo a visitar las ruinas.

Confieso que no estoy entusiasmado y me hago el fanfarrón diciendo que vengo de Tarragona y ya he visto todo sobre los romanos, pero nada más cruzar la entrada me doy cuenta de que he abusado demasiado de mi confianza y estoy ante una gran ciudad, una auténtica ciudad romana. Pompeya no son 4 piedras, no son unos restos, no es un lugar turístico a pesar de que más de dos millones de personas lo pisen cada año. Pompeya es historia, son vidas, es energía pura, es muerte también. Cruzo las calles solitarias con la sensación de estar en una máquina del tiempo con la que Michael J. Fox jamás hubiera soñado y tengo la suerte de tener instantes de soledad en esta enorme mole. Siento como si los habitantes acabasen de salir de casa y hubiesen dejado las cosas tal cual... pero la historia nos cuenta que la lava del Vesubio que puedo ver al fondo amenazante llegó hasta ellos de forma inesperada. Me pierdo en los juegos de luces que hacen las ventanas mientras el sol se esconde y sale entre las nubes para ofrecerme momentos que ni el mismo Apolo creería. Los claroscuros son demasiado radicales para los nuevos sistemas digitales y añoro tener una máquina super8 como la que tenía mi padre y poder captar con exactitud y sobre celuloide toda esta inmensidad, pero me conformo con esperar apoyado en una columna jónica a que los cúmulunimbus me hagan de enorme difusor y me permitan obtener unos segundos de imagen.

071106 pompeya-35.jpg Como siempre y sin cansarme de repetirlo, me arrepiento de no haber atendido más en aquellas infinitas clases de la historia de Roma, que siempre eran el tema 4 o 5 de los libros de historia de EGB y que cada uno o dos años volvíamos a empezar de forma aparentemente estúpida. Tengo claro que si algún día tengo un hijo, o dos, o tres, les intentaré hacer creer que todo eso que aparentemente es paja para cubrir un expediente y tenerles atados a una silla durante los años más bonitos de su vida es realmente conocimiento, y que su padre un día fue a Pompeya y deseó recordar las clases de historia de Isabel. Salgo hacia Matera, uno de esos puntos que tengo marcados en el mapa con un circulito negro y relleno en rojo, que quiere decir, por un lado, que unos italianos me lo sugirieron antes de salir de Siurana y por otro, que la guía Lonely Planet lo recomienda. Paso un buen rato intentando aparcar y eso me desespera, pero después de una curva cerrada aparece la claridad, la increíble ciudad antigua de Matera surge frente a mí y creo estar en Jerusalén hace 2000 años. Después de la experiencia de esta mañana entre lava y restos humanos descansando en posturas absolutamente naturales, este es el mayor tesoro que he encontrado desde el inicio del viaje. Esta ciudad, Matera, ha sido durante muchos años un centro turístico resacoso de la película “La pasión de Cristo”, donde se rodó. Por suerte ahora ha bajado el interés, la gente está preocupada en contemplar la sonrisa de la Mona Lissa después de ver “El Código da Vinci”. 071105 matera-8.jpg071105 matera-9-Editar.jpg Dejo la autocaravana y salgo a pasear en esta increíble ciudad, dividida en tres partes, por un lado la nueva y moderna Matera a la que no le falta de nada; por otra una interesantísima urbe que parece competir con el pesebre que montábamos cada navidad en mi casa, y por último los “sassi”, unas cuevas excavadas en la roca que demuestran la pobreza a la que ha estado sometida esta región de Italia. Las viviendas excavadas son uno de los asentamientos humanos más antiguos que hay en el planeta. No tengo la suerte de poder entrar en ninguna porque ya ha caído el sol y todo está cerrado, pero eso hace que las calles estén totalmente desiertas y le da un tono más mágico, si cabe, a la visita. No tengo suficiente luz para filmar, pero me distraigo haciendo fotografías de larga exposicion y atrapando las luces de las farolas durante 30 segundos. Este tipo de fotografías te ayudan a conocer el lugar, te obligan a estar quieto varios minutos esperando la perfecta combinación de diafragma y velocidades y solo el “prueba y error” funciona en muchos de los casos.

071107 01 road to alberobello-12-Editar.jpg Esta noche, he dormido a los pies de Alberobello, pequeña población a la que llego por la mañana, temprano. Este poblado es conocido por los “trulli”, sus más de 1500 viviendas de planta circular y techos de pizarra en forma de cono. Las calles de Alberobello irradian luz, sus paredes blancas por la cal de las paredes reflejan todos los rayos habidos y por haber y el paseo es tan distinto al de anoche que parece imposible que el sur de Italia pueda regalarme todos estos matices de su cultura pasada. Esta ciudad, de origen totalmente desconocido, se cree del siglo XIV y su arquitectura tiene un sentido: los habitantes de los trulli tiraban sus casas al suelo cuando pasaba el recaudador de impuestos para así evitar tener que pagar ningún tributo. Cuando el “señor-hacienda” se iba, volvían a levantar su pequeño hogar y todo volvía a ser normal por una temporada. Los preocupados por la vivienda en Barcelona podríais hacer lo mismo... pero no doy ideas...

071107 02 alberobello-14.jpg Los trulli descansan de la temporada de verano y están tan tranquilos como la Matera de ayer. Pequeños carteles explican que hay trullis-hotel, trullis-restaurante, trullis-bar, trullis-tienda-souvenir, trullis-iglesia, trullis-mentira... El sol está cayendo y entro en Bari, ciudad cuyo único interés es tener un puerto enorme desde el que sale el ferry que me va a llevar a Grecia. La chica que vende billetes me recibe y me pregunta dónde vamos, le digo que a Grecia, me dice que Grecia es muy grande y le digo que perfecto, que la quiero conocer entera y que me da igual por donde empezar así que me ofrece el precio superespecial. Faltan solo 90 minutos para que salga el barco.[pe2-gallery class="alignleft" ]

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Cinque terre

Entrar en las Cinque Terre estaba claro después de leer en todas las guías que me acompañan que es una de las zonas más bonitas de Italia y tiene el preciado título de Patrimonio de la Humanidad.

Sé que esa etiqueta es a veces símbolo de bellezas sublimes y otras convierte los lugares en parking de autobuses con cuatro piedras que visitar. Lo que está claro, es que en ninguna de las guías habla de las dificultades que voy a tener para llegar hasta allí. Se me ha ocurrido viajar por la noche para despertar en este aparente paraíso y empezar el día con energía y ese ha sido mi pequeño error de la jornada. La carretera cada vez se va estrechando más, llenándose de agujeros, lluvia y noche misteriosa. Mi cabeza, que no ha arrancado bien esta mañana por culpa de un mail laboral, no digiere bien el trayecto y cada vez lo veo todo más negro. Cómo puede ser que ante un paisaje tan bonito, natural, puro y no sé que más adjetivos, un solo mail, un único mail que he leído esta mañana haga que vea todo de otra manera? No ha hecho más que empezar la primera semana de esta nueva aventura y ya me doy cuenta de que es imposible desconectar de lo que he dejado en mi tierra para sumergirme en lo nuevo que me ofrece este camino de curvas. Así que el trazado se va complicando más y más hasta llegar al punto de no tener vuelta atrás. Demasiadas señales de peligro juntas para mis retinas , me advierten que entrar aquí no es fácil, y que salir va a ser todo un logro. En tan solo 50 metros llego a leer: “Atención, carretera peligrosa”; “Prohibido circular camiones”; “Precaución con lluvia”; “Velocidad máxima 30” y para rematar, una que advierte que el ancho de mi pequeño vehículo va a rozar con los cantos por todas partes. Diferentes señales me obligan a aparcar y me indican que el pueblo es peatonal.

[pe2-gallery class="alignleft" ] 071026 cinqueterre-43.jpg071026 cinqueterre-79.jpg071026 cinqueterre-132-Editar.jpg[/pe2-gallery]

  [...] Cuando ya todo empieza a parecer repetitivo y mis pies demasiado fríos decido salir de ahí para quitarme de encima la más pronto posible la subidita hasta la carretera principal. Ante el peligro que se avecina decido desconectar todos los tubos del gas; vaciar un poco el depósito de agua para llevar menos peso; guardo todo el material delicado, cualquier objeto que se me pueda caer a la cabeza; preparo mentalmente cualquier operación de emergencia por si las moscas y recuerdo que en mi entierro quiero que suene “the long and winding road”, de McCartney, por favor... Y de pronto ya está! En menos de 8 minutos estoy flotando entre nubes y árboles otoñales en una carretera preciosa y perfectamente asfaltada mientras voy deteniéndome de vez en cuando para retratar la naturaleza que se me presenta. En cada disparo me doy cuenta de que el miedo es algo incontrolable, absurdo y que nos hace frágiles como un niño. Por la noche, nos transformamos y todo se ve más oscuro, más difícil de lo que es. Las decisiones importantes hay que tomarlas de día, con el sol golpeándote en la cara y el aroma de un buen café entrando directo por tus fosas nasales.