Álvaro Sanz

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Entre bosques me encuentro

De todos los lugares del mundo y de todas aquellas maravillas que nos ofrece la madre naturaleza, donde me siento más identificado y más en paz es en el bosque. Y allí, en los bosques, me dejo caer y me pierdo siempre que puedo. Si algún día me buscáis y no sabéis donde estoy, entrad en uno de ellos y gritad mi nombre. Os contestaré, seguramente, con un aullido de lobo.

Despertar en Vilamor

Despiertas en una de las primeras mañanas de enero. La noche ha sido fría. Aparece el sol en los montes gallegos. El destino te ha traído hasta aquí, casi sin quererlo. Anoche ibas carretera arriba camino de algún lugar remoto en O Caurel. Un letrero llamó tu atención y cerraste los ojos a tu acompañante mientras girabas bruscamente a izquierda. "¿Dónde me llevas?"...

Y despiertas en Vilamor. Y la miras mientras hace el lobo, algo que se ha convertido en grito de guerra, y de muestra de felicidad. Y volvéis a casa después de un corto, pero intenso viaje. Pero ya no sois los mismos. 

Vida en las montañas

Los hombres de las montañas, me sorprenden, a veces, por su elegancia hasta para cortar la leña. Este señor golpeaba de forma totalmente relajada, arreglado como si tuviera que ir a la iglesia en cualquier momento, en una remota aldea gallega de los Ancares. Me explicó que "éste" le costaba porque los carballos tienen nudos. Mientras, su cachorro de pastor alemán, de solo dos meses de edad, correteaba a su alrededor y venía a morderme los pantalones. Es la vida en las montañas. La que me gusta, con la que sueño. Invierno en los Ancares por Alvaro Sanz Invierno en los Ancares por Alvaro Sanz Invierno en los Ancares por Alvaro Sanz

Autorretrato en ventana

Ventanas en Piornedo, en los remotos Ancares, después de horas serpenteando carreteras intransitadas y olvidadas en estas fechas. Ventanas que me invitan a mirar dentro, y a mirar fuera. Ventanas que me reflejan a través del paso de los años, de sus texturas y sus entresijos, y que me recuerdan que tengo un año más, yo también, y que el tiempo pasa.

Vemos y damos a ver, en una especie de testimonio, em mundo que nos rodea, y el acontecimiento por su propia dinámica crea el ritmo orgánico de formas. En cuanto al modo de expresarse hay mil y un medios de destilar aquello que nos ha sucedido. Dejemos, pues, que lo inefable conserve toda su frescura y ya está... Henri-Cartier Bresson. Images à la sauvette, 1952.

Augas Mestas

Hacía tiempo que deseaba volver a viajar en una furgoneta con un destino claro y un camino de libertad.

Durante 5 días hemos viajado por los Ancares y O Courel en Galicia. Una zona totalmente salvaje y rural que nos ha recibido con árboles secos pero llenos de vida, con gente mayor pero una sonrisa curiosa, un paraíso en esta Galicia desconocida para muchos de nosotros. Y una de las cosas más hermosas que tiene esta particular forma de viajar es que puedes dormir donde quieras, con lo que despiertas en lugares inhabitados, perdidos, solitarios y bellos. Lugares que te dan los buenos días mientras preparas un café y miras por la ventana para ver si sale o no sale el sol, porque desconoces totalmente las normas del lugar. Y uno de estos lugares, y primera para del viaje, ha sido Augas Mestas, un lugar donde se encuentran el río Sil y el Lor y que tiene un encanto especial.

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La calma en Kireei

Estas fiestas he estado en Barcelona, y no ha fallado el ritual de pasar por la FNAC a ver revistas, y a comprar algunas para llevarme a Galicia, para devorarlas junto al fuego en las noches frías que faltan por llegar.

Mirando en las estanterías de siempre he sentido un pequeño escalofrío al observar que junto a la National Geographic y la Metal estaba el último ejemplar de la Kireei. Como un niño inocente la he cogido con mis manos y he pasado páginas para ver que todo estaba en su sitio. No es que no la hubiera visto aún, porque lo hice el mismo día que salía de imprenta junto a la artífice de este proyecto, Cristina Camarena, pero necesitaba comprobar que todo estaba ahí, en su sitio, que cada página estaba en orden, con los colores correspondientes y que cada una de mis fotografías se veía bien. Luego, la he vuelto a depositar en el montoncito, y he subido las escaleras en busca de algunos libros para autoregalarme. Mientras subía por las escaleras mecánicas, en ese trayecto de 4 segundos que te lleva de una planta a otra, me ha dado tiempo a sonreír, a pensar que soy un afortunado de participar en este proyecto y deque Cristina siga diciéndome que haga lo que quiera y rellene las páginas de su bello proyecto con fotos como éstas que hice en una mañana fría y calmada cerca de casa.

Si todavía has pedido el número 3, te recomiendo que lo hagas, no te vas a arrepentir si te gustan las cosas bellas... Puedes encargarla aquí! 

Mö y Lola

Hoy hemos rodado un vídeo para Lola Giardino y su precioso proyecto Nona Bruna.

Lola lleva una semana en nuestra casa en Galicia y como siempre que estamos con ella, se mueven dentro de mí ganas de hacer más cosas, de luchar por mis sueños, de lograr alcanzarlos... porque entre charlas junto a la chimenea, excursiones por el bosque y sobremesas eternas te inspira y anima para que hagas aquello que te gusta.

En uno de esos paseos he hecho una foto a Mö y Lola y de repente he recordado que había una imagen parecida del fin de semana que pasamos durante San Juan en el Delta de l'Ebre... un bello amanecer de verano, y un atardecer de otoño... con la misma ilusión por la vida!