Álvaro Sanz

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Mirades de Cargol: Luxemburg, Fragile

Sigo con el cuarto capítulo de mi serie de piezas documentales de viajes, esta vez rodada en el pequeño Luxemburgo.

Este capítulo de Mirades de Cargol nos lleva a Luxemburgo. Este pequeño país nos regala una pieza de contrastes, entre las grandes industrias del metal y sus bosques del Müllerthall. El frío y duro acero recortado sobre el cielo nos provoca sensaciones contradictorias: el caos mecánico frente al verde pacificador, lo artificioso frente a lo natural, el demoledor desarrollo industrial de nuestras sociedades frente a la fragilidad de otra vida más naturista, quizás en vías de extinción.En este capítulo han participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Javier Díez-Ena, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.

Una vez más, aquí tenéis el texto en castellano...

Estoy tranquila; respirando; saboreando el néctar verde que me recorre entera. Rayos desviados me envuelven de tanto en tanto...sigo respirando. He nacido del fuego, del caos, de la nada y vivo eterna en cada rincón de verde, de musgo, de helecho. Llevo siglos respirando el aire de la historia, soy el pulmón del universo, la savia de la vida. Escucho el ronroneo de la tierra girando sobre si misma, el aleteo de la mariposa coqueta, el graznido del cuervo. Bebo de la lluvia dulce, de la tierra húmeda, del rocío tímido. Hablo con el reno, con el ciervo...hablo con el hombre y a veces le entiendo. Estoy tranquila en mi plácido sueño...
Un grito me despierta, un rayo, una lanza, una grieta! Sangre de mi alma brota entre mis hojas ! Jirones de mis entrañas esparcidos por el suelo. Mi verde se diluye en ocre y veo al hombre. Le hablo, pero no me entiende, no me escucha...le suplico, le ruego, le explico inútilmente...no hay acuerdo...
En duelo forzoso me retiro del acoso, pero permanezco expectante, latiente, acechante...
En mi lugar se hospeda ahora una máquina de acero. Caos mecánico ensordece mis tímpanos de seda, rasgando mis membranas en llanto de recién nacido. Chimeneas de fuego escupen veneno al cielo, que llora en grises mi ausencia, mi destierro. Se recorta el perfil de esta demoledora contra un blanco estéril... pero yo sigo latiendo a la espera, anhelando la revancha en esta guerra de desconcierto.
Pasan días, meses, años...siglos de humo, de hierro, de artificios caducos, de hombres sin sueños.....
Por fin llega el momento! El olvido me abre una puerta de reconquista de esta mi casa expropiada. Dudo a ratos, titubeo nerviosa, entro y salgo de nuevo con miedo. Encuentro mi morada cambiada, no encuentro mi suelo! Pero poco a poco gano confianza, me crezco, me refuerzo en mi alma y recupero mi predio. Mi techo azul vuelve a brillar eterno. Generoso transfunde sus lágrimas dulces a mi corazón enfermo. Empujo, crezco, salto y bailo abrazada a las piedras, en este salón de mi destierro. Y así lentamente, me recupero. Soy la frágil esperanza del mundo eterno.Soy la frágil reconquista de los niños del mañana. Soy frágil pero me siento fuerte. Soy frágil, si, pero soy tu único aliento.
Juegos de luz y color...

Siempre hay lugares a los que quieres volver, y Ronchamp es uno de ellos...

A Ronchamp vine hace más de diez años con un viaje cultural de la universidad y me fascinó la obra de Le Corbusier. El viaje desde Amsterdam se hace largo y caluroso. Lo primero que hago, aunque el sol se está poniendo y sé que estará cerrado, es subir a ver la obra del gran arquitecto: la Chapelle de Notre-Dame du Haut. Sigue tal como fue concebida hace más de 50 años, presidiendo la colina de Bourlémont... pura como una virgen a la que está dedicada. Busco un lugar para dormir, y un pequeño lago cercano a Ronchamp me da la bienvenida.

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Amanezco a las 7 de la mañana y paseo por el lago haciendo algunas fotos esperando la hora en la que la Chapelle abra sus puertas de luz y color. Llega el momento y lo vivo con más intensidad que la vez anterior. Todo me parece demasiado perfecto como para ser de  cemento y hormigón. Todo me parece demasiado terrenal como para ser un lugar divino. Paso más de 4 horas entrando y saliendo de la pequeña iglesia, cada momento es distinto, y podría pasar allí el resto del día, pero la llegada de un autobús de italianos me hace salir del lugar. Comparto con vosotros algunas de las fotografías que he hecho, y si no os importa yo voy avanzando hacia Suiza, porque otro gigante blanco me espera, el Mont-Blanc.

El norte de Holanda

Lo mejor de no tener calendarios, ni días, ni horas es el sentimiento de que tu vida no está ordenada, no sigue una pauta fija. Es importante no mirar la televisión, ni leer periódicos durante meses para sentir esa sensación de absoluta libertad, de que flotas en el espacio, y en el tiempo.

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En el Parque Natural de Hoge Veluwe

De mi visita hace 13 años al parque de Hoge Veluwe, solo recuerdo los cuadros de Van Gogh del Museo Kroller Müller. Vinimos aquí con la Universidad y creo que no disfrutamos demasiado de este paraíso natural, porque no lo recuerdo. Por suerte, siempre están las segundas partes.

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Bélgica, región de Wallonie

Si tengo que escoger entre perderme entre libros o luchar con las fieras, elijo lo primero.

Por suerte, las etapas de distancias largas ya han terminado, ahora tocan unas cuantas jornadas de cortos recorridos. Sin darme cuenta, llego a Bélgica y Saint Hubert, mi primer destino, parece amable. Encuentro un sitio encantador para dormir a las puertas de uno de los bosques. No hay ni un alma. La noche es tranquila. Esta región está llena de senderos, y si uno es paciente puede ver ciervos, jabalíes y algunas otras fieras. Yo no debo ser demasiado, ya que durante 2 horas y 20km solo he visto la rueda de mi bicicleta.

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Después de comer, y tumbarme un rato al solete en la hierba, decido partir hacia Redu, un pequeño pueblo del que solo sé que está lleno de diminutas librerías. Al llegar, comprendo la fama de este lugar de papel. Paseo por decenas de tiendecitas con libros de todo tipo y en todos los idiomas.

Salgo de allí antes de llenar la autocaravana de pequeños souvenires y hago una bonita excursión hasta Daverdisse, un pequeño pueblo en el que sufro una experiencia inolvidable con la naturaleza más salvaje. Mientras estoy grabando tranquilamente en un riachuelo, al otro lado oigo como pasos de perro. Crujir de ramas. Más pasos y respiración fuerte. Lo que era un perrito en mi imaginación se convierte en un cerdo, luego en una vaca, luego un toro... hasta que me doy cuenta de que es una manada de jabalíes salvajes. El ruido que hacen es indescriptible y parecen muy enfadados. Enciendo la cámara y apunto al infinito por si aparecen. En estos momentos, uno es cuando descubre realmente lo valiente que es, y yo no debo ser mucho porque a la que veo un jabalí cruzando el río hacia mi, he salido corriendo y me he subido a un árbol. Desde allí he podido observar a una mamá-jabalí, y a sus cuatro hijos simpáticos. He pasado veinte minutos haciendo coreografías subiendo y bajando de árboles, hasta que me he dicho literalmente “alvarito, eres un cobarde, esto no es para ti, acéptalo, lo tuyo es jugar con las texturas de una ventana de madera vieja”. Volvemos a dormir a Redu y por la mañana, pido permiso para filmar a un restaurador de libros antiguos. El señor me abre las puertas del taller y me muestra pacientemente cada máquina y cada técnica. Me encanta verle manejar los libros con una mezcla de cariño y alta velocidad que acreditan su experiencia y pasión.Después de una pequeña reunión con Raquel para decidir si tenemos suficiente material para editar una pieza de esta región, salimos hacia Gante, donde pasamos la tarde con Eline, una ex-chica-de-prácticas de dzero. Mañana viajamos a Holanda.

Por el Valle del Lot y la Dordogne... en Francia

Por mucho que os cuente, por mucho que leáis, por muchas Lonely Planets en las que tiréis el dinero jamás sabréis de la belleza de esta cercana región de Francia si no la pisáis. Y sí, lo reconozco, he sido víctima del fanatismo kilométrico y en otras ocasiones he preferido irme lejos, muy lejos, sin ni siquiera haber visitado antes el vecino valle del Lot y la Dordoña.

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