Álvaro Sanz

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Fresas de Carmen para Nanook

Hoy Nanook ha recibido un regalo de Carmen, nuestra entrañable vecina. Un plato precioso de fresas. Sus fresas. Porque Carmen, siempre que trae algo, es de su huerto. Y siempre que es para Nanook está seleccionado con todo el amor del mundo.

Le he preguntado a Carmen si mi pequeño podía comer fresas y su respuesta ha sido "Sí, claro, a los niños les puedes dar de todo". A partir de ahí hemos mantenido una conversación que me ha hecho reflexionar un poco. En la aldea daban leche de vaca pura a sus hijos desde el primer mes de vida. De lo que comían los padres, comían los bebés, ya fuera lenguado, pollo, conejo, judías, cebollas, ajos... todo machacado con el tenedor, que no había tiempo para milongas! Por un lado he pensado que los tiempos han cambiado, que la ciencia ha descubierto cosas como los problemas con el gluten, las alergias... y hemos avanzado, pero por otro lado he pensado en mis vecinos de 70 años, cargando día tras día cientos de kilos de leña, cavando zanjas en sus huertas, dando de comer a las cabras y trepando a los árboles para cortar las ramas estropeadas. Están sanos, y han ido al médico menos veces en su vida que las que he ido yo en el último año. Me pregunto, ¿no nos estaremos pasando?

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Tajine para soñar

Llevo demasiados días encerrado en casa, tantos que ya no sé si viajar es una realidad o un sueño.

Hace frío, llueve, humedad. No apetece demasiado o nada salir a la calle. Es un placer quedarse en casa con las chimeneas encendidas, acunar al bebé, preparar futuros proyectos y cocinar. A veces, a través de la gastronomía, igual que de la música, viajamos a lugares visitados o a destinos soñados. En el caso del plato de hoy, el viaje es a Marruecos, un país que conozco bastante bien porque he pasado allí unas cuantas aventuras y lo he recorrido de arriba a abajo. El tajine, las tres veces que he estado en este país, ha sido absoluto protagonista de mis comidas. Así que me he hecho con varios ejemplares para poder seguir disfrutando con los sabores marroquíes en casa.Transportar a casa la calidad de unos spaghettis italianos es difícil, imitar las salsas alemanas una misión imposible, pero por suerte, el tajine, por difícil que parezca es fácil, muy fácil de preparar. Necesitamos básicamente tres elementos que darán al plato un sabor inigualable. El primero es el tajine, que podemos pensar que es un plato típico, pero es más bien un recipiente que utilizan en Marruecos para preparar la mayoría de sus platos. No compréis imitaciones del carrefour ni Ikea, no es lo mismo y os cobrarán 10 veces más el valor que tiene. Tiene que ser de barro, y en Marruecos se puede conseguir por menos de 10 euros (negociando, claro). El segundo elemento importante es el fuego, debe ser de leña o carbón. Olvidad inventos modernos para vitrocerámicas. Es como hacer una pizza Tarradellas en el microondas y pensar que estás cenando un plato italiano. Lo tercero y absolutamente fundamental son las especias. En mi caso, utilizo 44 especias que compré en Merzouga en uno de mis últimos viajes. En cualquier mercado de Marruecos podéis encontrar especies para tajine, y alguna marca española comercializa frasquitos con una mezcla que imita bastante bien la esencia.

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A partir de estos elementos básicos, la imaginación juega un papel importante. Todo, o casi todo sirve como ingrediente para el tajine: cualquier verdura, hortaliza, carne, pescado... hay que probar, atreverse, y descubrir que a veces, sabores y texturas que no nos entusiasman, pasadas por el fuego lento del tajine nos pueden chiflar. La receta que os enseño hoy es una muy básica, tanto que creo que con las fotos podéis entender paso a paso como se prepara. Una vez está todo en el recipiente con sal y las 44 especias, lo dejamos a fuego lento con las brasitas durante casi dos horas, y el sabor....hmmmm.... el sabor!