Álvaro Sanz

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El último Tío-vivo

Recuerdo el último Tío-Vivo en que monté. O quizás no sea el último, pero es el único del que tengo una fotografía mía y por eso lo recuerdo.

Fue en Málaga, hace muchos años, tantos como un cuarto de siglo... wow! ¿soy tan mayor? Sí, cumplo 34 en menos de una semana. En un viejo parque de atracciones me he quedado un tiempo fascinado viendo como giraba esta obra de arte, y yo me he acordado de que un día fui niño, y quisiera volver a serlo alguna vez.

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Navidades blancas en países pequeños

Estoy en Bélgica y Luxemburgo, pasando unas frías y blancas navidades. Durante estos días no voy a actualizar demasiado el blog ni voy a utilizar facebook. Al volver a casa ya tendré tiempo de ponerme al día... por ahora os dejo con una foto que tomé anoche en la última estación belga antes de entrar en Luxemburgo. Feliz Navidad, Feliz Año y Feliz Feliz.... 101229_travel luxembourg_022.jpg

Bruxelles Nord

Siempre que he viajado a Bruselas he sentido estar fuera de Europa.

Sé que es la capital, y que aquí se toman importantes decisiones, que afectan a todos los europeos. En cambio, al callejear, al caminar por el metro, al entrar en algunos supermercados... siento que estoy en un país del Este, en un lugar sin acabar, en una ciudad sucia... pero me encantan sus estaciones, me encanta viajar en el tiempo, y me enamora su estación del Norte, donde espero el tren que nos lleve a Arlon.

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Accidente con Victor Horta

Cuando surge un desastre hay dos opciones: o lamentarse o buscar un final alternativo a la historia...

Lo peor de llevar el material fotográfico justo a un viaje es que algo se estropee. Por eso, cuando los profesionales nos muestran esas largas listas de cuerpos, ópticas, flashes que llevan en sus rutas por el desierto... creemos que no es necesario. Ni tanto, ni tan poco. Hoy se me ha caído el 50mm 1.8 al suelo en el restaurante del Museo del Instrumento de Bruselas. ¿Qué hacía ahí? Pues comer, contemplar las vistas, y disfrutar de la arquitectura de Horta, uno de los grandes. La cuestión es que se me ha separado (por no decir "roto") la óptica en dos partes. A partir de entonces, lo que he hecho ha sido jugar con ello y aprovechar el encanto de esa nueva dimensión visual que me ofrecía el accidente...

Pequeños caracoles

Durante estos últimos años he viajado como un auténtico caracol, siempre con la casa a cuestas, en furgoneta o autocaravana. Ahora he decidido cambiar durante una temporada mi forma de viajar.

Hace unos días vendí la autocaravana que me acompañó durante más de 75.000 km en algo más de dos años. Juntos recorrimos más de 15 países durante cientos de experiencias. Ahora nuevos destinos, nuevos horizontes, nuevos sueños a los que no podía acceder rodando me esperan y Nanook ya ha encontrado un amigo en este primer viaje a Bélgica sin la casa a cuestas.

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Bélgica, región de Wallonie

Si tengo que escoger entre perderme entre libros o luchar con las fieras, elijo lo primero.

Por suerte, las etapas de distancias largas ya han terminado, ahora tocan unas cuantas jornadas de cortos recorridos. Sin darme cuenta, llego a Bélgica y Saint Hubert, mi primer destino, parece amable. Encuentro un sitio encantador para dormir a las puertas de uno de los bosques. No hay ni un alma. La noche es tranquila. Esta región está llena de senderos, y si uno es paciente puede ver ciervos, jabalíes y algunas otras fieras. Yo no debo ser demasiado, ya que durante 2 horas y 20km solo he visto la rueda de mi bicicleta.

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Después de comer, y tumbarme un rato al solete en la hierba, decido partir hacia Redu, un pequeño pueblo del que solo sé que está lleno de diminutas librerías. Al llegar, comprendo la fama de este lugar de papel. Paseo por decenas de tiendecitas con libros de todo tipo y en todos los idiomas.

Salgo de allí antes de llenar la autocaravana de pequeños souvenires y hago una bonita excursión hasta Daverdisse, un pequeño pueblo en el que sufro una experiencia inolvidable con la naturaleza más salvaje. Mientras estoy grabando tranquilamente en un riachuelo, al otro lado oigo como pasos de perro. Crujir de ramas. Más pasos y respiración fuerte. Lo que era un perrito en mi imaginación se convierte en un cerdo, luego en una vaca, luego un toro... hasta que me doy cuenta de que es una manada de jabalíes salvajes. El ruido que hacen es indescriptible y parecen muy enfadados. Enciendo la cámara y apunto al infinito por si aparecen. En estos momentos, uno es cuando descubre realmente lo valiente que es, y yo no debo ser mucho porque a la que veo un jabalí cruzando el río hacia mi, he salido corriendo y me he subido a un árbol. Desde allí he podido observar a una mamá-jabalí, y a sus cuatro hijos simpáticos. He pasado veinte minutos haciendo coreografías subiendo y bajando de árboles, hasta que me he dicho literalmente “alvarito, eres un cobarde, esto no es para ti, acéptalo, lo tuyo es jugar con las texturas de una ventana de madera vieja”. Volvemos a dormir a Redu y por la mañana, pido permiso para filmar a un restaurador de libros antiguos. El señor me abre las puertas del taller y me muestra pacientemente cada máquina y cada técnica. Me encanta verle manejar los libros con una mezcla de cariño y alta velocidad que acreditan su experiencia y pasión.Después de una pequeña reunión con Raquel para decidir si tenemos suficiente material para editar una pieza de esta región, salimos hacia Gante, donde pasamos la tarde con Eline, una ex-chica-de-prácticas de dzero. Mañana viajamos a Holanda.