Álvaro Sanz

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Posts tagged aldea
Café, Speculoos y nuevos retos.

Me despierto en la aldea. Son las 8 de la mañana. Mis vecinas hace rato que dan golpes con la azada. El gallo aún no ha cantado, pero la vaca ya ha pedido comida como tantos otros días. Siento que algo está cambiando ahí fuera. Hace días que lo vengo notando. Es la trayectoria de la luz. Ha empezado a anunciar el verano, o la primavera, si no se quiere ser tan optimista. Pongo música y enciendo la cafetera. Miro fuera y veo los almendros totalmente florecidos. Ni me he dado cuenta cómo han explotado. Pero lo han hecho. En el mantel todavía quedan las miguitas que Nanook y yo dejamos ayer. La voz rota de David Carabén hace más apetecible el sabor de estas galletas que compré en Bruselas la semana pasada. Fue un viaje fugaz. Siempre que voy a Bélgica traigo un paquete o dos de Speculoos. Y ahora pienso en mañana... me encantan los retos, y mañana me enfrento a uno más. Espero compartir con vosotros el resultado dentro de unos días... con un café... [pe2-gallery class="alignleft" ] 120313_cafe_galicia_004.jpg

T'ho juro com hi ha sol, i jo t'ho juro per la lluna, encara no he begut ni gota i ja són dos quarts d'una...

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Ovejas para el día de los enamorados

Lo sé, no es un post típico de "Día de los enamorados", pero tampoco es que sea muy partidario de celebrar este día...

Esta mañana he oído, un día más, a mi joven vecino pastor. A gritos por la aldea, va dirigiendo su pequeño rebaño de un sitio a otro hasta llegar al pequeño monte donde se para a comer cada día. Allí, desde la mañana hasta que cae el sol, se sienta en las rocas a vigilar que no se escape ninguna. Hoy me ha contado que solo hay un macho para tanta hembra. Le he preguntado que porqué. La respuesta: ¿Para qué hacen falta más machos si uno solo puede con las 5 hembras? Yo, que no sé demasiado de ovejas, he aprendido bastante rápido quién era el macho. El que me miraba con cara de enfado y ha hecho que decida volver a casa sin la foto de los 3 corderitos...

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Bienvenidas ovejitas

Hoy, mientras preparaba el café y notaba como el sol atravesaba los cristales de la entrada de mi casa he oído, como cada mañana, las ovejas saliendo del corral...

Entre el grupo de lanudas he podido distinguir cómo balaban algunas más jóvenes. Al asomarme he podido contar hasta 9 recién nacidas y he salido a saludarlas, a ellas y a mis vecinas. En todas las fiestas no he estado en Galicia, y parece que la familia ha crecido. Lo más tierno de todo es que el día que yo cumplía 35 años, casi a la misma hora que yo nací, aparecieron 3 pequeñas, las últimas que han nacido este año. Aquí os dejo con ellas... estoy deseando que llegue el fin de semana y darle un palo a Nanook para que juegue a ser pastor...

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Me olvidé de las fabas...

Lo más difícil de tener un huerto no es cuidarlo, es hacerlo cada día y no olvidarse nunca... y reconozco que últimamente se me había ido de la mente...

Hoy ha venido Carmen a traernos un poco de espinacas, fresas y pimientos rojos... hemos salido a ver mi huerto,  y hemos descubierto que habían salido un montón de fabas de diferentes clases. El final de la historia no hace falta que os lo cuente, ¿no?

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Es hora de recoger...

Desde que vivo en la aldea tengo una necesidad casi obsesiva de documentar todo lo que pasa a mi alrededor....

Tengo la sensación de que se acaba una forma de vida, de que nada de lo que está pasando va a volver a suceder... Ayer, mientras regaba el huerto vi a dos niños con un puñado de ovejas. Los dos jugaban con sus aparatos móviles mientras los animales iban a su aire. Recordé las sabias palabras de Claudio, Ignacio, Juan José... en mi documental "Cuentan los que quedan", y de eso ya no queda demasiado. Hoy he ido a casa de mis vecinos en su último día de vendimia. He podido captar los últimos racimos, las últimas uvas antes de convertirse en vino, vino de aldea, vino sin etiqueta, vino con olor a madera, a manos, a campo, a historia... y he sido feliz, una vez más, de poderlo ver, no como un forastero que pasa sino como un vecino y un nuevo gallego.

Fresas de Carmen para Nanook

Hoy Nanook ha recibido un regalo de Carmen, nuestra entrañable vecina. Un plato precioso de fresas. Sus fresas. Porque Carmen, siempre que trae algo, es de su huerto. Y siempre que es para Nanook está seleccionado con todo el amor del mundo.

Le he preguntado a Carmen si mi pequeño podía comer fresas y su respuesta ha sido "Sí, claro, a los niños les puedes dar de todo". A partir de ahí hemos mantenido una conversación que me ha hecho reflexionar un poco. En la aldea daban leche de vaca pura a sus hijos desde el primer mes de vida. De lo que comían los padres, comían los bebés, ya fuera lenguado, pollo, conejo, judías, cebollas, ajos... todo machacado con el tenedor, que no había tiempo para milongas! Por un lado he pensado que los tiempos han cambiado, que la ciencia ha descubierto cosas como los problemas con el gluten, las alergias... y hemos avanzado, pero por otro lado he pensado en mis vecinos de 70 años, cargando día tras día cientos de kilos de leña, cavando zanjas en sus huertas, dando de comer a las cabras y trepando a los árboles para cortar las ramas estropeadas. Están sanos, y han ido al médico menos veces en su vida que las que he ido yo en el último año. Me pregunto, ¿no nos estaremos pasando?

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Mirades de Cargol: Costa de Moçambic, els riures dels nens

De los 13 capítulos que conforman esta primera jornada de Mirades de Cargol, el programa que dirijo y produzco, el de Mozambique es el que más me emociona por todo lo que ha supuesto ese viaje por tierras malgaches.

Esta semana se ha emitido en la XTVL el programa correspondiente a la Costa de Mozambique en Madagascar. Recorriendo aldeas como Ifaty o Andavadoaka podréis navegar por aguas cristalinas y revivir en un viaje lleno de sonrisas.Aquí tenéis el texto en versión castellana:

Hace tiempo necesité salir a buscar. Algo en mi interior me catapultaba hacia adelante como movida por un resorte mágico de añoranza...¿pero qué era eso qué mi alma me pedía encontrar?
En Tulear esperé la salida del sol, ansiosa por preguntarle a la luz del alba, a los sonidos de la mañana...
No encontré respuesta. Quizás en Ifati podría dar con alguna pista, así que me transporté en un viaje rudimentario y volví a escuchar el nacimiento del día. El cálido naranja vespertino me susurró de la infancia, de la inocencia, de las sonrisas regaladas...y seguí preguntando...¿dónde estaba aquella sensación perdida, aquel recuerdo de felicidad gratuita?
Alguien me dijo de Andavadok, así que allí esperé de nuevo el desperezar del amarillo... y le hablé, ansiosa por saber: ¿dónde se ocultaba?
Supe entonces del esfuerzo por la supervivencia, del amor orgánico de la maternidad ancestral, del azul del cielo tiñendo con sus reflejos este mar espejo, de las noches tejidas con constelaciones eternas. Pude escuchar el cansancio de los barcos regresando para encontrar su lecho de arena, después de una jornada de viento y salitre. El recuerdo de una niñez olvidada vistió entonces los rostros de una alegría sincera. El vuelo de dos almas libres me hicieron recordar...poco a poco mi piel empezó a olfatear aquella idea olvidada, aquel tacto de inocencia aterciopelada. Como un viejo perfume del pasado, comenzó a introducirse por cada uno de mis poros, a recorrer el torrente de mi sangre entumecida, a ocupar las ancianas articulaciones de mi razón adulta, a descontar los años de mis edades cumplidas... hasta que llegó al centro mismo de mi corazón de hojalata...y como brasa al rojo vivo lo fundió en luz de ilusión dorada.