Álvaro Sanz

Blog old

Mirades de cargol: Montblanc, la gran muntanya blanca

Este capítulo de Mirades de Cargol es especial para mi, porque significó mi despedida de "no-padre". Faltaban 3 semanas para que Nanook viniera, y me tomé mi estancia a los pies del Montblanc como una experiencia casi espiritual.

Este tercer capítulo de mi programa de tv Mirades de Cargol está rodado alrededor del Montblanc y Chamonix, en Francia. Durante una semana recorrí kilometros y kilometros a pie, en bicicleta... y sentí la paz en muchos momentos, en otros sentí estar rodeado de demasiada gente. En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Ainara leGardon, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.

Como siempre, os adjunto el texto de la voz femenina en castellano para que lo podáis seguir los no-catalanoparlantes.

Caminar. El río es nuestro bastón en el camino hacia el Mont Blanc y las rocas amontonadas nuestro guía. Su gorjeo nos sigue juguetón tentándonos cristalino, pero a 1200 metros de altura hace frío. El ascenso entre bosques, umbrío por momentos, nos regala prados que aprovechamos para descansar. Algún rayo de sol atrevido nos pregunta nuestro nombre mientras soñamos bajo un árbol solitario. Su calor nos seduce y termina de acunarnos bajo las hojas. Un poco más tarde nos sorprenden abetos frondosos que destacan por su verde navideño sobre las lomas de las enormes montañas y el celeste de su techo divino. Nubes espías vigilan nuestros pasos y le cuentan a un pájaro azabache del invierno. Le avisan de la blanca que cubre estos picos ingrávidos y le aconsejan nuevas rutas más cálidas en las que volar el invierno. Nuestras piernas patean, pisan, saltan, resbalan, flexionan y estiran un trillón de veces hasta llegar a un lago de un solo inquilino: un pájaro que aparenta perdido del resto de su bandada. La mole montañesa se mira coqueta en este espejo de agua y nos coloca en un mundo al revés. Desde allí, levantando la vista, vemos como en un espejismo el enorme chorro de agua alpina que alimenta este enorme paraje natural. La madre de la vida en este valle, hoy está helada y nos muestra toda su fuerza a menos de un metro de distancia. Pero el ascenso no ha terminado aún. Ahora trepamos rocas ayudados de bastones, jadeando y deseando llegar pronto a nuestro destino. Cansancio sano y aire fresco son nuestros compañeros en el último tramo.
Por fin, cuando creemos que no vamos a llegar nunca, el paisaje nos sorprende con un riachuelo encantado donde comernos el resto de las provisiones. Titania nos duerme de nuevo. En sueños te oigo respirar a mi lado mientras nubes grises bailan al otro lado de mis párpados callados. Después de un suspiro Oberón nos despierta silbando un viento helado que acuna la hierba. Entonces desperezo mis pupilas, me estremezco templada y le escucho aullar: ¡arriba! ¡ya es hora de despertar de este sueño de una tarde de verano!
Mi alma se despide de esta belleza acariciando los prados de este valle inmenso. Planeando en retardo me regreso al origen de este cuento, el origen de mi ascenso al mundo de los sueños.