Álvaro Sanz

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Detener el tiempo

Mientras un grupo reducido de la expedición se detuvo ante esta ventana en un pueblo perdido en la Isla nada nos hacía pensar que en unos minutos íbamos a presenciar lo que fue para casi todos nosotros uno de los momentos más intensos de nuestras vidas fotográficas.

Aquí nos detuvimos a imaginar cómo llegaba la electricidad; porqué las luces de las cocinas de esta parte del mundo están encendidas por las noches aunque nunca llegue a irse el sol; pensamos en quién debía vivir en esta casa de madera a la que solo se podía llegar en barco... 

Y pocos minutos más tarde corríamos como si no hubiera algo más importante que hacer que correr, como si aquello fuera a terminarse en unos instantes, como si toda nuestras vidas hubieran sido vividas para sentir esa sensación de vez en cuando... por eso, y solo por eso, después de volver de Noruega, he decidido no sentirme obligado a contar las cosas que me suceden de forma temporal. Porque esta ventana noruega está así, cada día, porque por ella han pasado cientos de personas, que se han detenido, que la han mirado y se habrán hecho preguntas similares, pero la ventana sigue ahí. Porque de repente tengo más ganas de vivir experiencias que de contar urgentemente las que ya he vivido.