Álvaro Sanz

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Lagunas de hielo

Me siento afortunado de volver a estas tierras que siempre me esperan con los brazos abiertos. Estas tierras que pueden estar tostadas por el sol y teñidas de ocres, o cubiertas por un manto de nieve en días helados como nunca he vivido.

La Laguna de Gallocanta nos recibe helada en este nuevo viaje. Los bordes de la carretera están congelados y conducimos despacio. Llevamos una jornada de camino desde tierras gallegas. El cantar de las miles de grullas que habitan esta enorme mancha de agua es impresionante. Si quieres saber si vas a encontrar a estas aves, mejor que buscarlas con la mirada, es apagar el rugir del motor cansado. Entonces, desde el centro de la laguna te viene un sonido, que parece cercano, pero es la suma de miles de ellas a cientos de metros de donde estás.

Despertarse antes de que salga el sol, aquí también es un regalo. Sentir el frío de la mañana, caminando por los bordes de la laguna y sus límites, notar la energía del sol que asoma entre los montes lejanos e intuir un amanecer que va a ser de sueño, otra vez, en estas tierras de Gallocanta, alrededores de Torralba de los Frailes, caminos de Used.

Y por fin el sol sale, y corro hacia él, mientras cientos de grullas sobrevuelan mi cabeza en busca de campos donde comer. Y vuelvo a sentirme vivo, después de este periodo de invernación en el que estaba sumido. Y me dejo caer en el suelo, a pesar de que está helado. Y vuelvo a escuchar el obturador de mi cámara, y vuelvo a cazar sueños, imágenes que me han perseguido desde que sé que iba a estar aquí, en esta tierra de la que me siento ahijado y donde sé que la naturaleza se siente feliz con mi presencia, y siempre me regala momentos como éstos, donde puedo ser yo, y ella, simplemente naturaleza en estado puro.

Las cosas grandes se acaban, son las pequeñas las que perduran. La sociedad debe mantenerse unida y no fragmentada. Basta observar para entender que la vida es simple, que hace falta volver al punto de partida. A ese punto donde vosotros os equivocasteis de camino. Hay que volver a los principios básicos de la vida, sin ensuciar el agua.

(Domenico en Nostalghia)