Álvaro Sanz

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La magia del analógico

Una de las cosas mágicas de trabajar en analógico es que un día encuentras un carrete en un cajón, pasa al bolsillo de una chaqueta y de ahí a una estantería durante semanas... al fin lo llevas a revelar, y aparecen 36 instantes que no esperabas.

Y esto ha pasado con tres rollos que han llegado hace unos días a casa. Dos eran míos y uno de Mo. Recordaba cada una de las imágenes, y el momento exacto de escuchar el obturador de la vieja cámara rusa con la que aprendí a fotografiar. Pero a la vez todos esos instantes habían pasado al olvido, una especie de olvido temporal, como si una parte de nuestro cerebro se encargara de las sorpresas, de los misterios, de la magia y guardara algunos recuerdos para momentos como este, en el que abres un sobre y aparecen un montón de negativos y una montañita de papeles con una textura única. Entonces te preguntas porqué no disparas más veces con la rusa, la cámara Zenit que por alguna extraña razón ha querido que aparezcan unos destellos de luz de forma aleatoria y que otorga a cada una de estas estampas un grado de autenticidad y aleatoriedad que me excita (ninguna de estas fotos ha sido manipulada digitalmente).

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