Los días pasan y la montaña de Polaroids sobre mi mesa se va haciendo cada vez más y más grande. Son instantes fotográficos que por alguna extraña razón tienen una fuerza mayor que cualquier otra imagen de las que capturo, de las que genero, de las que imagino o sueño. Son instantes de Berlín, Marruecos, Eslovenia y Galicia, momentos en Siurana, en Canarias y Arles. Son pequeños fragmentos en papel que me acompañan desde hace meses. El tiempo quizás se lleve el color y la textura, pero no se llevará los recuerdos.

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Uno se pregunta a veces cuando es el momento perfecto para comunicar, para preguntar, para confesar, para pedir o suplicar…

Y a veces los días pasan y uno no encuentra las palabras exactas. Y entonces, suceden nuevos acontecimientos, y se solapan las ideas, las confesiones, las imágenes y uno se olvida de manifestarse. Y así me va pasando desde un tiempo atrás. Pero hoy, mientras llueve con todas las fuerzas en el bosque donde vivimos estos días, en Eslovenia, miro estas fotos y no puedo evitar gritar mi felicidad y compartirla.

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HORIZONTE NORTE. EMPIEZA EL VIAJE.

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Hace meses comenzó este viaje. Un viaje de dos amigos que habíamos caminado juntos en momentos hermosos de nuestras vidas, y que siempre volvíamos a encontrarnos cuando lo necesitábamos.

Lo nuestro son las piedras, el polvo, las rocas y los caminos tortuosos; las historias de viejos sabios, la vida en el campo, los secretos de rebaños; lo nuestro es caminar y soñar y que siempre cuenten los que quedan. Y no podía ser de otra forma, que el inicio de estos encuentros múltiples que se van a dar, fuera en un desierto, en el de la Tatacoa, en Colombia.

Aquí Juan y yo nos abrazamos, reímos, tomamos nuestros primeros tintos (café solo en Colombia), contemplamos las estrellas y las fotografiamos. Y recordamos que a pesar de estar en un lugar mágico, rodeados de silencio, de belleza y de sueños, las mejores estrellas del firmamento las hemos visto juntos, hace muchos años, y eso no nos lo quitará nadie ni ningún otro cielo. Porque juntos, descubrimos hace años que en el firmamento hay tantas estrellas como sueños por cumplir, como historias que contar y como caminos que tomar, y solo hay que comenzar a caminar, a rodar, a nadar, para ser libre. Y aquí y ahora, en el desierto de la Tatacoa, siento que soy yo, una vez más, y comparto con mi amigo pedazos de mi vida, secretos bien guardados y emociones profundas y descubro, una vez más, que estoy en el lugar correcto, aquí y ahora, pero que en casa, me espera la vida que deseo y que soy afortunado de poder manejar, a mi manera, el timón de este barco que hoy navega por un desierto y mañana romperá contra las olas de costado.

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