Casitas de pájaro de Carballo&Estrela

Pontevedra es una pequeña ciudad, que realmente no ofrece nada que no pueda ofrecer Vigo. Mentira. En Pontevedra está la tienda más bonita que conozco, la de Luis Portabales, y se llama Carballo&Estrela, y es imposible entrar sin salir con algo de allí.

Y para la revista Kireei número 06, que está inspirada en la casa y la ciudad, he pedido a Luis que construyera una de sus casitas de pájaros. He grabado y fotografiado todo el proceso, y luego me he llevado la casita de viaje, a los bosques de Kranjska Gora, en Eslovenia, un lugar fantástico donde me he perdido este verano.

Polaroids

Los días pasan y la montaña de Polaroids sobre mi mesa se va haciendo cada vez más y más grande. Son instantes fotográficos que por alguna extraña razón tienen una fuerza mayor que cualquier otra imagen de las que capturo, de las que genero, de las que imagino o sueño. Son instantes de Berlín, Marruecos, Eslovenia y Galicia, momentos en Siurana, en Canarias y Arles. Son pequeños fragmentos en papel que me acompañan desde hace meses. El tiempo quizás se lleve el color y la textura, pero no se llevará los recuerdos.

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El momento

Uno se pregunta a veces cuando es el momento perfecto para comunicar, para preguntar, para confesar, para pedir o suplicar...

Y a veces los días pasan y uno no encuentra las palabras exactas. Y entonces, suceden nuevos acontecimientos, y se solapan las ideas, las confesiones, las imágenes y uno se olvida de manifestarse. Y así me va pasando desde un tiempo atrás. Pero hoy, mientras llueve con todas las fuerzas en el bosque donde vivimos estos días, en Eslovenia, miro estas fotos y no puedo evitar gritar mi felicidad y compartirla.

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Tatacoa

HORIZONTE NORTE. EMPIEZA EL VIAJE.

Hace meses comenzó este viaje. Un viaje de dos amigos que habíamos caminado juntos en momentos hermosos de nuestras vidas, y que siempre volvíamos a encontrarnos cuando lo necesitábamos.

Lo nuestro son las piedras, el polvo, las rocas y los caminos tortuosos; las historias de viejos sabios, la vida en el campo, los secretos de rebaños; lo nuestro es caminar y soñar y que siempre cuenten los que quedan. Y no podía ser de otra forma, que el inicio de estos encuentros múltiples que se van a dar, fuera en un desierto, en el de la Tatacoa, en Colombia.

Aquí Juan y yo nos abrazamos, reímos, tomamos nuestros primeros tintos (café solo en Colombia), contemplamos las estrellas y las fotografiamos. Y recordamos que a pesar de estar en un lugar mágico, rodeados de silencio, de belleza y de sueños, las mejores estrellas del firmamento las hemos visto juntos, hace muchos años, y eso no nos lo quitará nadie ni ningún otro cielo. Porque juntos, descubrimos hace años que en el firmamento hay tantas estrellas como sueños por cumplir, como historias que contar y como caminos que tomar, y solo hay que comenzar a caminar, a rodar, a nadar, para ser libre. Y aquí y ahora, en el desierto de la Tatacoa, siento que soy yo, una vez más, y comparto con mi amigo pedazos de mi vida, secretos bien guardados y emociones profundas y descubro, una vez más, que estoy en el lugar correcto, aquí y ahora, pero que en casa, me espera la vida que deseo y que soy afortunado de poder manejar, a mi manera, el timón de este barco que hoy navega por un desierto y mañana romperá contra las olas de costado.

Sea you soon

A TRIP LOOKING FOR WILDERNESS

 

Hay veces en las que las cosas solo pueden salir bien. Son esas mañanas en las que ni tan siquiera te has acostado para ver el amanecer, porque la salida del sol se junta con canciones coreadas al son de una guitarra y dos ukeleles en un pequeño refugio en una noche eterna.

No podía ser en otro lugar. El Río Piedra nos recibe con su aridez, con su noche mágica, sus estrellas y un refugio a temperaturas inhumanas. Un grupo de nosotros busca troncos secos, los demás persiguen estrellas a golpe de lento obturador, algunos se tumban en cualquier esquina y tratan de dormir las dos horas que les queda para que salga el sol. Y lo consiguen. A pesar de que un grupo generoso nos rodeamos de mantas y comenzamos a cantar, ya sin voz de tanta fiesta, y golpeamos guitarras y ukeleles en una noche indocumentada gráficamente.

Y alguien se asoma a la ventana, e intuye algo de claridad. Es hora de salir corriendo, de alzarse al vuelo, de comenzar a soñar, en el mismo lugar donde algunos, hace tiempo, ya corrieron y sintieron la mayor de las libertades. Porque aquí, en esta tierra, la palabra "libertad" hace el amor con las piedras, con los girasoles, con el trigo y con el mayo espectáculo celeste.

Y cuando el sol nos da los buenos días, apareciendo por las tierras de Gallocanta, a lo lejos, Leire y comienzan a correr, y se destapan de las lanas, para dar la bienvenida a su nuevo proyecto fotográfico "Sea you soon", que tendré la suerte de rodar en unos días, en las Islas Canarias. Ellas viajarán durante casi un mes para fotografiar en analógico, y yo compartiré varias jornadas con ellas para volver a casa con una pieza audiovisual. Por ahora, os dejo con algunas de las fotos que les hice y el trailer que grabé para presentar el proyecto. 

Hoy es Primavera
Las señales del camino las descubrimos si nos atrevemos a andar descalzos.
— Nina da Lua

 

Hay veces en que uno tiene que pensarse las cosas dos veces antes de decir que sí, si no se arrepiente. Pero hay otras en las que un "sí" significa el infinito.

Mi amiga Nina da Lua me llamó hace dos años. Hacía algún tiempo que no sabía de ella. Habíamos trabajado en varios proyectos juntos pero nuestros caminos se habían separado cuando me vine a vivir a Galicia. En la voz de Nina había un tono distinto al de siempre, y la voz de Nina es algo tan especial que puedes notar cualquier cambio en ella. Me dijo que tenía cáncer. Recuerdo perfectamente dónde estaba, el día que hacía, la posición del sol y ver a niños correteando por la plaza. Me paralicé. Le conté a Nina un secreto, mi secreto. Entendimos al instante que teníamos que vernos. Lo hicimos unos días después. Me impresionó verla, estaba en pleno proceso, quimioterapia, radioterapia... pero creo que me impresionó más que me dijera: "Álvaro, quiero contarlo, y tienes que hacerlo tú. Solo tú". Me emocioné, y lo hago ahora al recordarlo. Nina me brindaba una bellísima oportunidad en la vida, sí, en la vida. Contar una historia así, para un realizador, es un regalo absoluto. Pero también era una enorme responsabilidad. Pero le dije que sí al instante. Y lo volvería a hacer.

Unos meses después hacíamos un llamamiento en las redes sociales para poder rodar en las condiciones que nos parecieron mínimas. Decenas de personas nos apoyaron, compartieron nuestro proyecto, nuestra ilusión, nuestras ganas de contarlo. Y lo hicimos. Nina me había dicho que quería rodar en la naturaleza, y yo le dije que eso era Galicia: salvaje, naturaleza, pureza. Conceptos que encajaban perfectamente con lo que queríamos contar. Y las Illas Ons parecían ser el lugar perfecto. Y allí fuimos: Mònica Bedmar, David Oliete, Druso Pedrouzo, Nina y yo. No os puedo contar las ganas que teníamos de empezar a rodar, de ver cómo todas aquellas ideas que nos habían dado vueltas durante semanas comenzaban a tomar forma.

Y se hizo el silencio. Druso dijo: "Grabando", y yo miré por el visor. Y sentí algo especial, como si fuera la primera vez que rodaba. Lo había hecho cientos de veces antes, pero esa era como mi primera vez. Quizás fue realmente la primera vez que lloré rodando; que sentí que lo que estaba captando mi cámara era una parte de mi; que había comprendido la esencia de otra persona, de Nina, y que estaba contándolo de una forma sincera. Sentí mucho al rodar este documental, y sé que fue un punto de inflexión. Y sí, una parte de mi, una parte de nosotros quedó en esa isla, que nos dio todo lo que nos podía dar y todo lo que necesitábamos de ella.

Hoy es Primavera. Un documental de Nina da Lua y Álvaro Sanz
Hoy es Primavera. Un documental de Nina da Lua y Álvaro Sanz
Hoy es Primavera. Un documental de Nina da Lua y Álvaro Sanz
Hoy es Primavera. Un documental de Nina da Lua y Álvaro Sanz
Hoy es Primavera. Un documental de Nina da Lua y Álvaro Sanz

Tienes más información en la página que hemos creado para el proyecto en www.hoyesprimavera.com

Como una bestia primitiva

Como una bestia salvaje me siento, como un lobo sin dueño, como un temible animal feroz y sediento. Como Buck, mi perro preferido, el que corre a la cabeza del grupo, el imparable y soñador.

Hace no demasiado las tardes eran heladas tras la caída del sol. Nos tapábamos con lana y franela y el cielo gris nos debilitaba. Ahora deseo tus pecas buscando el sol de ese mar que nos ha visto nacer, crecer y desearnos. Y  quiero dejar atrás la nieve, y sentir el frío en nuestras suelas, un frío que adormilaba nuestros gemelos. Quiero correr hacia una playa vacía, y sumergirme sin ropa, mantener la respiración hasta no poder más, y al salir, ver tu cara totalmente mojada y salada. Solo quiero correr hacia adelante, y ver como te alejas, para volver a encontrarte y tener el premio de un abrazo tuyo.

Better with Lullatone

Con la aurora boreal luciendo tenue sobre sus cabezas, o las estrellas retozando en una danza de escarcha, y la tierra muda o yerta bajo su palio de nieve, esta canción de los perros esquimales podría haber significado un desafío a la vida; sólo que la estaban entonando en una nota menor, con dilatados lamentos y sollozos medio esbozados , y era más bien una solicitud de vida, el articulado sufrimiento de la existencia. Era una vieja canción, vieja como la raza misma; una de las primeras canciones del mundo más joven, en un tiempo en que las canciones eran tristes. Estaba envuelta en el pesar de innumerables generaciones, y era ésta la queja que tan extrañamente conmovía a Buck. Cuando se lamentaba y sollozaba lo hacía con el dolor de quien está vivo, el dolor ancestral de sus salvajes antepasados, y el miedo y el misterio del frío y de la oscuridad que representaban para ellos también miedo y misterio. Y que se conmoviera ante ello probaba que había retrocedido totalmente a través de la era del fuego y la vida a cubierto hasta los más desnudos comienzos de la vida en la era de los aullidos.

Jack London en "La llamada de la naturaleza".

Lagunas de hielo

Me siento afortunado de volver a estas tierras que siempre me esperan con los brazos abiertos. Estas tierras que pueden estar tostadas por el sol y teñidas de ocres, o cubiertas por un manto de nieve en días helados como nunca he vivido.

La Laguna de Gallocanta nos recibe helada en este nuevo viaje. Los bordes de la carretera están congelados y conducimos despacio. Llevamos una jornada de camino desde tierras gallegas. El cantar de las miles de grullas que habitan esta enorme mancha de agua es impresionante. Si quieres saber si vas a encontrar a estas aves, mejor que buscarlas con la mirada, es apagar el rugir del motor cansado. Entonces, desde el centro de la laguna te viene un sonido, que parece cercano, pero es la suma de miles de ellas a cientos de metros de donde estás.

Despertarse antes de que salga el sol, aquí también es un regalo. Sentir el frío de la mañana, caminando por los bordes de la laguna y sus límites, notar la energía del sol que asoma entre los montes lejanos e intuir un amanecer que va a ser de sueño, otra vez, en estas tierras de Gallocanta, alrededores de Torralba de los Frailes, caminos de Used.

Y por fin el sol sale, y corro hacia él, mientras cientos de grullas sobrevuelan mi cabeza en busca de campos donde comer. Y vuelvo a sentirme vivo, después de este periodo de invernación en el que estaba sumido. Y me dejo caer en el suelo, a pesar de que está helado. Y vuelvo a escuchar el obturador de mi cámara, y vuelvo a cazar sueños, imágenes que me han perseguido desde que sé que iba a estar aquí, en esta tierra de la que me siento ahijado y donde sé que la naturaleza se siente feliz con mi presencia, y siempre me regala momentos como éstos, donde puedo ser yo, y ella, simplemente naturaleza en estado puro.

Las cosas grandes se acaban, son las pequeñas las que perduran. La sociedad debe mantenerse unida y no fragmentada. Basta observar para entender que la vida es simple, que hace falta volver al punto de partida. A ese punto donde vosotros os equivocasteis de camino. Hay que volver a los principios básicos de la vida, sin ensuciar el agua.

(Domenico en Nostalghia)

Últimos días del año

Paseando entre acantilados, oyendo las olas del océano rompiendo contra la pared que te sostiene, escuchando las historias de un auténtico hombre de mar que nos acompaña, así son los últimos días del año.

Antes de que termine el año hemos venido a Coruña. Vero, y Iago nos han invitado a su casa. Hace tiempo que lo vamos alargando, y estos últimos días del año son perfectos para este tipo de reuniones con amigos. Y entre cenas, comidas, paseos por la ciudad, visitas a puertos minúsculos y desayunos con churros, acabamos en el faro de Mera, un lugar donde estuve hace años con Nanook, cuando solo tenía 15 días de vida. Me encanta pasear por estos acantilados, escuchando el sonido del mar, y compartir charlas con este hombre de mar que nos acompaña, sabio y generoso.

Esta mañana se ha unido Antía, y si cierro los ojos veo una quinta persona, la dulce Caterina, que está presente en nuestras correas de cámara, en nuestras bolsas, en nuestras conversaciones. Una de esas personas con las que durante este año he coincidido varias veces y me hace pensar, de nuevo, que gracias al blog, a los cursos, a Kireei, he conocido a gente fantástica.

Y esta mañana, mirando hacia el infinito despido el año. Un año completo y lleno de grandes momentos. Creo que todavía no soy consciente de todos ellos.

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