A TRIP LOOKING FOR WILDERNESS

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Hay veces en las que las cosas solo pueden salir bien. Son esas mañanas en las que ni tan siquiera te has acostado para ver el amanecer, porque la salida del sol se junta con canciones coreadas al son de una guitarra y dos ukeleles en un pequeño refugio en una noche eterna.

No podía ser en otro lugar. El Río Piedra nos recibe con su aridez, con su noche mágica, sus estrellas y un refugio a temperaturas inhumanas. Un grupo de nosotros busca troncos secos, los demás persiguen estrellas a golpe de lento obturador, algunos se tumban en cualquier esquina y tratan de dormir las dos horas que les queda para que salga el sol. Y lo consiguen. A pesar de que un grupo generoso nos rodeamos de mantas y comenzamos a cantar, ya sin voz de tanta fiesta, y golpeamos guitarras y ukeleles en una noche indocumentada gráficamente.

Y alguien se asoma a la ventana, e intuye algo de claridad. Es hora de salir corriendo, de alzarse al vuelo, de comenzar a soñar, en el mismo lugar donde algunos, hace tiempo, ya corrieron y sintieron la mayor de las libertades. Porque aquí, en esta tierra, la palabra “libertad” hace el amor con las piedras, con los girasoles, con el trigo y con el mayo espectáculo celeste.

Y cuando el sol nos da los buenos días, apareciendo por las tierras de Gallocanta, a lo lejos, Leire y comienzan a correr, y se destapan de las lanas, para dar la bienvenida a su nuevo proyecto fotográfico “Sea you soon“, que tendré la suerte de rodar en unos días, en las Islas Canarias. Ellas viajarán durante casi un mes para fotografiar en analógico, y yo compartiré varias jornadas con ellas para volver a casa con una pieza audiovisual. Por ahora, os dejo con algunas de las fotos que les hice y el trailer que grabé para presentar el proyecto.

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“LAS SEÑALES DEL CAMINO LAS DESCUBRIMOS SI NOS ATREVEMOS A ANDAR DESCALZOS”. NINA DA LUA EN HOY ES PRIMAVERA

Hay veces en que uno tiene que pensarse las cosas dos veces antes de decir que sí, si no se arrepiente. Pero hay otras en las que un “sí” significa el infinito.

Mi amiga Nina da Lua me llamó hace dos años. Hacía algún tiempo que no sabía de ella. Habíamos trabajado en varios proyectos juntos pero nuestros caminos se habían separado cuando me vine a vivir a Galicia. En la voz de Nina había un tono distinto al de siempre, y la voz de Nina es algo tan especial que puedes notar cualquier cambio en ella. Me dijo que tenía cáncer. Recuerdo perfectamente dónde estaba, el día que hacía, la posición del sol y ver a niños correteando por la plaza. Me paralicé. Le conté a Nina un secreto, mi secreto. Entendimos al instante que teníamos que vernos. Lo hicimos unos días después. Me impresionó verla, estaba en pleno proceso, quimioterapia, radioterapia… pero creo que me impresionó más que me dijera: “Álvaro, quiero contarlo, y tienes que hacerlo tú. Solo tú”. Me emocioné, y lo hago ahora al recordarlo. Nina me brindaba una bellísima oportunidad en la vida, sí, en la vida. Contar una historia así, para un realizador, es un regalo absoluto. Pero también era una enorme responsabilidad. Pero le dije que sí al instante. Y lo volvería a hacer.

Unos meses después hacíamos un llamamiento en las redes sociales para poder rodar en las condiciones que nos parecieron mínimas. Decenas de personas nos apoyaron, compartieron nuestro proyecto, nuestra ilusión, nuestras ganas de contarlo. Y lo hicimos. Nina me había dicho que quería rodar en la naturaleza, y yo le dije que eso era Galicia: salvaje, naturaleza, pureza. Conceptos que encajaban perfectamente con lo que queríamos contar. Y las Illas Ons parecían ser el lugar perfecto. Y allí fuimos: Mònica Bedmar, David Oliete, Druso Pedrouzo, Nina y yo. No os puedo contar las ganas que teníamos de empezar a rodar, de ver cómo todas aquellas ideas que nos habían dado vueltas durante semanas comenzaban a tomar forma.

Y se hizo el silencio. Druso dijo: “Grabando“, y yo miré por el visor. Y sentí algo especial, como si fuera la primera vez que rodaba. Lo había hecho cientos de veces antes, pero esa era como mi primera vez. Quizás fue realmente la primera vez que lloré rodando; que sentí que lo que estaba captando mi cámara era una parte de mi; que había comprendido la esencia de otra persona, de Nina, y que estaba contándolo de una forma sincera. Sentí mucho al rodar este documental, y sé que fue un punto de inflexión. Y sí, una parte de mi, una parte de nosotros quedó en esa isla, que nos dio todo lo que nos podía dar y todo lo que necesitábamos de ella.

 

Hoy es Primavera. Un documental de Nina da Lua y Álvaro Sanz Hoy es Primavera. Un documental de Nina da Lua y Álvaro Sanz Hoy es Primavera. Un documental de Nina da Lua y Álvaro Sanz Hoy es Primavera. Un documental de Nina da Lua y Álvaro Sanz

Tienes más información en la página que hemos creado para el proyecto en www.hoyesprimavera.com

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Como una bestia salvaje me siento, como un lobo sin dueño, como un temible animal feroz y sediento. Como Buck, mi perro preferido, el que corre a la cabeza del grupo, el imparable y soñador.

Hace no demasiado las tardes eran heladas tras la caída del sol. Nos tapábamos con lana y franela y el cielo gris nos debilitaba. Ahora deseo tus pecas buscando el sol de ese mar que nos ha visto nacer, crecer y desearnos. Y  quiero dejar atrás la nieve, y sentir el frío en nuestras suelas, un frío que adormilaba nuestros gemelos. Quiero correr hacia una playa vacía, y sumergirme sin ropa, mantener la respiración hasta no poder más, y al salir, ver tu cara totalmente mojada y salada. Solo quiero correr hacia adelante, y ver como te alejas, para volver a encontrarte y tener el premio de un abrazo tuyo.

Better with Lullatone

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Con la aurora boreal luciendo tenue sobre sus cabezas, o las estrellas retozando en una danza de escarcha, y la tierra muda o yerta bajo su palio de nieve, esta canción de los perros esquimales podría haber significado un desafío a la vida; sólo que la estaban entonando en una nota menor, con dilatados lamentos y sollozos medio esbozados , y era más bien una solicitud de vida, el articulado sufrimiento de la existencia. Era una vieja canción, vieja como la raza misma; una de las primeras canciones del mundo más joven, en un tiempo en que las canciones eran tristes. Estaba envuelta en el pesar de innumerables generaciones, y era ésta la queja que tan extrañamente conmovía a Buck. Cuando se lamentaba y sollozaba lo hacía con el dolor de quien está vivo, el dolor ancestral de sus salvajes antepasados, y el miedo y el misterio del frío y de la oscuridad que representaban para ellos también miedo y misterio. Y que se conmoviera ante ello probaba que había retrocedido totalmente a través de la era del fuego y la vida a cubierto hasta los más desnudos comienzos de la vida en la era de los aullidos.

 

Jack London en “La llamada de la naturaleza”.

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